3 de agosto de 2013 - 22:31

Región e historia, un debate siempre vigente

El principal desafío es arribar a una explicación histórica que incorpore las singularidades de diferentes contextos espaciales y temporales, en un diálogo simultáneo con una visión integrada y complejizada.

Los sujetos, asociaciones y agencias estatales que participaron de la conformación de regiones en Argentina son objeto de renovado interés por parte de las ciencias sociales. En particular, se han propuesto avanzar en la comprensión histórica de la formación de las economías regionales, el rol que le cupo a los Estados (nacional, provincial y municipal) y la repercusión de las políticas públicas entre los actores económicos.

Más allá de las dicotomías tradicionales (rural/urbano; local/nacional), se parte del supuesto de la construcción social -y por ende, dinámica- del territorio,  lo cual implica la participación de agentes cuya acción cristaliza en transformaciones socio-económico-territoriales; y también, políticas.

En primer lugar, diversas problemáticas se han vinculado a los procesos históricos de constitución de redes sociales regionales: circuitos mercantiles, fronteras políticas (sociales y étnicas); estudios demográficos y migratorios, así como medio ambiente y recursos naturales. Aún más, su desarrollo resulta enriquecido con la aproximación comparativa a distintas realidades socio-económicas y espaciales.

Asimismo, el estudio de las sociedades agrarias atiende a las relaciones de interdependencia socioeconómica, jurídica, política y cultural derivadas del uso, apropiación, distribución y organización de los factores del proceso productivo de bienes primarios.

Desde esta perspectiva, cobran interés las prácticas y derechos de propiedad, formas de tenencia, de reparto y de traspaso de la tierra. Se fortalece, así, la idea de estructura agraria como proceso histórico cuya delimitación de momentos y espacios sean productos de la construcción propia de la investigación y no sujeta a modos convencionales. Para ello, el desafío es tomar en cuenta recortes temporales que recorran distintos siglos y definiciones espaciales que transiten diversas regiones, pues tanto la temporalidad como la territorialidad son instrumentos analíticos.

La singular construcción de los ámbitos regionales, como un sistema de relaciones reconocibles, implicó la interacción con las esferas sociales y políticas.

En este sentido, se destaca, por un lado, el rol de las entidades de la sociedad civil, un vasto campo gestado en paralelo a la consolidación del Estado nacional. A pesar de sus diferencias, todos estos grupos utilizaron la lógica asociativa (ingreso voluntario y adopción de prácticas pautadas normativamente).

Así, apelaron a estatutos y reglamentos que delimitaron liderazgos sociales y políticos, configuraron discursos complementarios y gestaron experiencias e identidades que legitimaron su función como grupo diferenciado, a partir de heterogéneas inquietudes y necesidades; y con distintos mecanismos de articulación sobre espacios sociales, culturales, políticos, laborales o territoriales. Por último, pudieron erigirse como instancias de mediación frente al Estado, pero también de confrontación a diversas políticas sectoriales.

Por otro lado, se ha analizado la demanda-oferta de trabajo, el desarrollo de mercados de trabajo y la conflictividad social, así como también, la repercusión de las primeras políticas sociales y las condiciones de vida de los sectores populares. En efecto, junto a las imágenes de un Centenario pródigo, las revisiones historiográficas han demostrado las condiciones de vida de miles de trabajadores rurales y urbanos, y las estrategias de resistencia y las primeras formas de organización sindical desplegadas por ellos con miras a cuestionar un contexto adverso.

La inserción de la Argentina en la economía internacional con el perfil de potencia agroexportadora, capitalista, implicó dotar a los espacios regionales de producciones especializadas. En este proceso, se destacaron las dinámicas de introducción de tecnologías y de circulación de conocimientos que acompañaron la implantación de cultivos a gran escala y, a veces, su consecuente industrialización. La perspectiva histórica permite poner en contraste las condiciones en que surgió y se desarrolló la innovación en cada época. Su impacto, entonces, debe ser valorado dentro del contexto particular en que operó y atendiendo a los recursos disponibles.

Por su parte, la incorporación de la variable espacial ha enriquecido el estudio de las prácticas institucionales, superando una visión orientada hacia lo “legal”. Así, abordajes recientes explicaron el funcionamiento de la edificación estatal y su proceso de modernización, las formas de participación vecinal para dirimir conflictos locales y la organización política y administrativa del espacio geográfico. Tanto la historia política como la historia del derecho han dejado de constituir ámbitos autorreferenciales para dialogar con otras disciplinas del campo social.

La historia política, resignificando debates precedentes y abriendo nuevas perspectivas en el análisis del tránsito del Antiguo Régimen al nuevo orden liberal, orientó su búsqueda hacia los valores, creencias y prácticas de los individuos ante la política. En esta dirección adquirió centralidad cómo los sujetos se relacionaron con el poder, recuperando márgenes de acción antes soslayados. La comprensión de estos tópicos en tramas regionales complejas permitieron recrear otros modos de acercamiento a las coyunturas, aun cuando terminen en el proceso histórico encerrándose en el Estado Nación.

La historia del derecho, mediante nuevas perspectivas teóricas, ha dejado el estudio exclusivo del derecho positivo o la doctrina para preguntar también por las prácticas y los equilibrios de poder latentes en las instituciones, e indagar los rasgos de la cultura jurídica predominantes en cada sociedad. En relación con la experiencia de la justicia, estos abordajes verificaron las vinculaciones con los procesos políticos y sociales en los que ella se inserta, alentando el encuentro de la historia política con la social.

En suma el principal desafío es arribar a una explicación histórica que incorpore las singularidades de diferentes contextos espaciales y temporales, en un diálogo simultáneo con una visión integrada y complejizada.

Estas reflexiones fundamentan la organización de las III Jornadas Interdisciplinarias de Investigaciones Regionales “Enfoques para la Historia. Siglos XVIII-XX”, en el CCT Mendoza, los días 7 a 9 de agosto. Las mismas reunirán a destacados investigadores de Conicet y universidades públicas nacionales. También, se presentarán dos conferencias a cargo de los reconocidos especialistas Dres. Juan Suriano y Darío Barriera. Para inscripciones, escribir a

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