22 de junio de 2019 - 00:00

Reflexiones sobre el Congreso Mundial de la Lengua - Por Marta Marín

El español, segunda lengua más hablada en el mundo, deberá lograr liderazgo en ciencia, concluyó el Congreso de la Lengua.

Con mujeres trasnochadas, 
Con sus largas madrugadas. 
Con amores bajo el puente, 
Con cirujas y docentes. 
Córdoba va, Córdoba va...

Esta es una estrofa de la canción que los cordobeses entonan casi al modo de un himno provincial. Cantan llenos de orgullo su estribillo: Córdoba va. Y Córdoba fue, durante cuatro días del pasado marzo, la anfitriona del VIII Congreso Internacional de Lengua (CILE).

Durante esos días, lingüistas, docentes, periodistas, estudiantes, y público en general llegaron de distintos puntos del país y de otros países de habla hispana para poner en el centro “el futuro del español” y pensar juntos un plan de desarrollo y promoción de nuestra lengua.

La presencia de los Reyes de España, el presidente Macri, Mario Vargas Llosa y otras importantes personalidades abrieron el encuentro y dieron un marco de fraternidad.

Toda la ciudad se llenó de congresales anhelantes de asistir a las temáticas propuestas.

El Teatro del Libertador San Martín  recibió en su bellísima sala a los más importantes oradores: Mario Vargas Llosa, Mempo Giardinelli, Joaquín Sabina, Alejandro Dolina, Cristina Bajo, Teresa Andruetto, y otros tantos escritores  e investigadores de lujo, quienes dieron, cada uno con su estilo, un aporte sobre el español como lengua.

Las conferencias también tuvieron lugar en el Teatro Real, en la Ciudad Universitaria y en distintas salas de las Facultades de la ciudad.

Todos los espacios contaron con jóvenes que estuvieron trabajando en la organización de cada encuentro quienes indicaban con total cordialidad, lugares y cualquier dato que se necesitara.

Se contó con colectivos especiales que trasladaban a los asistentes cómodamente desde el centro hasta la ciudad universitaria.

Este espacio se colmó cada noche de música y humor. La presencia del grupo Les Luthiers provocó risas que distendieron en ámbito académico. Y el hecho se repitió cada noche con lo mejor del folklore cordobés y nacional, con humor local, y el infaltable cuarteto que hizo que la ciudad bailara al ritmo de sus cantantes.

Distintos ejes tuvo el encuentro, pero sobre todo, educación y tecnología, en un diálogo tan profundo como amable, ganaron protagonismo en la preocupación de los asistentes.

La ciudad toda se llenó de palabras y versos, encuentros y presentaciones de libros a través del Festival de la palabra que se desarrolló en el marco del CILE con propuestas muy interesantes.

Es la primera vez que un país es dos veces anfitrión. Y fue el nuestro. Y fue en Córdoba.

El español, segunda lengua más hablada en el mundo (utilizado por más de 570 millones de hablantes) deberá lograr liderazgo en la ciencia. Con esa inquietud volvimos a las aulas a enseñar nuestra Lengua en estos tiempos de vertiginosa tecnología.

La llamaremos español o castellano, lo discutiremos nuevamente en otro encuentro, pero como sea, rescato la idea de volver a revalorizar Lengua en la escuela como objeto de estudio para que nuestros niños y jóvenes sean dueños de la palabra que distingue y enaltece al ser humano

El CILE ha sido un tiempo de encuentro para reflexionar sobre el futuro del español pero sobre todo ha sido un espacio para borrar fronteras y sentir que la lengua nos une más allá de los límites geográficos o ideológicos.

Me sumo a las numerosas felicitaciones que estimo habrán recibido los organizadores del congreso quienes seguramente, como dice su canción “Contra vientos y mareas, contra lluvias y peleas, con los dientes apretados”, lograron esta vez, realizar el sueño, lograron realizar el evento más importante que tenemos para celebrar nuestro idioma.

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