20 de septiembre de 2015 - 00:00

Recursos estratégicos: la naturaleza no ayuda a la paz

El conflicto no es sólo una mera discusión entre pueblos o países sino que frecuentemente llega a manifestarse en actos bélicos en los que muere gente, se contaminan suelos, ríos y espejos de agua y también el aire, exacerbando aún más la degradación del

El hambre, la falta y contaminación del agua dulce, las guerras, la creciente población y la desertización han producido en el mundo, y lo seguirán haciendo, una enorme presión ambiental, en la que no hay países o regiones exentos en un contexto de calentamiento global que muestra un crecimiento térmico parejo desde final del siglo XX hasta nuestros días.

La tendencia no es favorable a un mejoramiento de esta situación y mucho menos a que se revierta. De hecho, en la reunión del COP (Conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático en Perú) del 20 de diciembre de 2014 se afirmó que ese podría ser el año más caliente de todos los tiempos.

Según Harald Welzer (Guerras Climáticas, Geração, São Paulo 2010), hay dificultades concretas que aún no tienen solución, muchas de los cuales terminan en controversias. Así vemos que más de 1.000 millones de personas en Asia podrán ser, de aquí en más, afectadas por la falta de agua potable proveniente del Himalaya y de ese modo poner en problemas a masivas poblaciones de India, Paquistán y Bangladesh.

Esto no vendría sino a agravar la situación actual de unos 1.000 millones de personas que no disponen de agua potable y saneamiento y cerca de 800 mil que sufren desnutrición en esas y otras latitudes, incluyendo a América Latina.

La falta de agua dulce o el exceso de ella son causas de disminución en la producción de alimentos además de riesgos de degradación de suelos por falta de reposición natural de nutrientes.

Este es sólo un ejemplo de fenómenos que terminan causando conflictos entre los pueblos, muchas veces violentos, llegando a producir guerras tribales o civiles, genocidios y migraciones masivas, de los que hay muchos ejemplos en el mundo. En la actualidad hay más de veinte millones de refugiados ambientales alrededor del mundo producto de situaciones como las descriptas.

Además, afirma Welzer que la primera causa de disputas ambientales está relacionada con el agua en sus dos alternativas, una por la escasez debido a sequías, contaminación, desertización o mayor demanda (para 2050 se espera que la población ascienda a 9.000 millones de personas). La segunda causa está relacionada con la disminución del tamaño de los glaciares y masas polares que harán cambiar la geografía del mundo, a consecuencia de lo cual podría activarse la lucha por la propiedad de nuevos territorios y vías marítimas para el comercio mundial. De hecho algo de eso ya está ocurriendo en el Polo Norte a causa de la pérdida de hielos del casquete polar.

En general, no existen conflictos en el mundo que sean puramente causados por razones ambientales, al menos es lo que se reconoce; siempre hay otros componentes políticos, religiosos o sociales que le dan inicio, pero lo cierto es que en la mayoría de ellos existe una causa abierta o velada en la que está involucrado algún recurso natural de valor económico importante, como por ejemplo, bosques, agua, petróleo, tierras, minerales asociados a la tecnología, materias primas ligadas a la medicina o la industria, entre otros.

El conflicto no es sólo una mera discusión entre pueblos o países sino que frecuentemente llega a manifestarse en actos bélicos en los que muere gente, se contaminan suelos, ríos y espejos de agua y también el aire, exacerbando aún más la degradación del medio ambiente.

Franz Browswimmer (Ecocidio, Laetoli-London 2002) ha avanzado mucho más en este aspecto al afirmar que fue la Revolución Industrial a fines del siglo XIX la que aceleró el ritmo de la destrucción ecológica global y ella fue aún más agresiva cuando comenzó a incluir la industria de la guerra entre sus objetivos, la cual ha multiplicado infinitamente la degradación creando elementos de alta contaminación. Se calcula que entre el 10 y el 30% de la degradación ambiental del mundo se debe a actividades relacionadas con la industria militar, tanto en su fase activa durante los conflictos como con el destino de sus residuos una vez finalizados los hechos bélicos.

La ignorancia sobre el uso y conservación de los recursos naturales o la corrupción que sobre ellos se ejerce podría también generar nuevos conflictos o pasar a reales aquellos que parecen sólo potenciales.

Sabido es que los países desarrollados, en general, tienen dificultades en autoabastecerse de materias primas y recursos naturales estratégicos como los explicados. Sus industrias son grandes consumidoras de dichos recursos y en su afán de expansión y crecimiento llegan al sobre uso o sobre explotación, mientras que los países pobres, o en desarrollo, que son sus poseedores, en su mayoría desconocen el beneficio de sus cuidados, carecen del poder financiero para su protección e ignoran la forma de explotarlos racionalmente.

Esto es lo que ha pasado y pasa en África y varios países del mundo en desarrollo en las últimas décadas, cuyos conflictos han terminado con la vida de millones de personas al mismo tiempo que el avance descontrolado de la degradación ambiental continúa su camino.

LAS MAS LEIDAS