20 de abril de 2018 - 00:00

Raúl Castro, el arquitecto - Por Moisés Villa

Antes que revolucionario, Raúl Castro fue un niño travieso que preocupó a sus padres. “Yo me ocupo de él”, les dijo su hermano Fidel, sin prever que sería el guardián de su legado socialista. Hábil negociador y militar implacable para liquidar a sus enemigos, tuvo claro su papel. “Fidel es insustituible, salvo que lo sustituyamos todos juntos”, dijo tras reemplazarlo interinamente en 2006 cuando su hermano enfermó.

Desde las sombras, fue clave para conseguir el apoyo de la Unión Soviética tras el triunfo de la revolución en 1959. El menor de los siete hermanos Castro Ruz, a sus cuatro años pidió a su madre dejar su natal Birán para reunirse con Fidel, quien asistía a la escuela en Santiago de Cuba.

“La relación fue de jefe y lugarteniente. En ese caso Raúl Castro se convierte en el aterrizador de los sueños de Fidel. Fue el arquitecto institucional de la revolución”, explica López-Levy, coautor del libro “Raúl Castro and the New Cuba: A Close-Up View of Change”.

 
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