6 de abril de 2026 - 00:20

El hilo de Ariadna: el resurgimiento del papel frente al laberinto digital

Es importante evitar que los chicos caigan presos de los algoritmos digitales de las redes sociales. Un remedio, la vuelta de la lectura papel.

Viajemos un toque a la mitología griega. Quiero recordar el hilo de Ariadna. Fue el ingenioso recurso que le permitió a Teseo encontrar el camino de regreso tras derrotar al Minotauro en el intrincado Laberinto de Creta. Sin ese hilo conductor, sin ese ovillo que marcaba retornos sobre el camino trazado, la victoria habría sido en vano; el héroe habría quedado atrapado entre paredes sin salidas. Hoy, en el ámbito educativo amplio, el papel vuelve a consolidarse como esa "lazo de Ariadna": una herramienta tangible que permite a los estudiantes navegar el complejo mundo de la información, de la historia, de las ciencias, sin quedar atrapados en el caos de las redes sociales.

La vuelta del libro, de los diarios, a las aulas no es un retroceso melancólico, sino una decisión estratégica para rescatar la atención y la profundidad del pensamiento. En un mundo donde el scroll infinito fragmenta nuestra concentración, la hoja impresa emerge como un refugio necesario contra el inmenso (y muchas veces provocado) ruido digital.

No es menor el problema. El grito perenne de los celulares es algo que puede ensordecer a los pequeños; tal como marcan los estudios que se multiplican en todo el mundo (desde Mendoza surgió el movimiento https://www.pactoparental.org que pone la mirada sobre los perjuicios que generan los móviles en las aulas).

Ya he escrito otras columnas sobre la propagación de desechos en redes sociales, detrás de algoritmos que pujan por lograr permanencia a toda costa, haciendo mella en la cabeza de los más chicos. Vivimos en un mundo que se está dando cuenta de esto, donde los mayores advierten cada vez más sobre los peligros del móvil en las etapas escolares. En este contexto, se habla cada vez más de controlar el uso de celus en menores de 16, y se quiere volver al entretenimiento-constructivo de la lectura, frente a cierta maraña tecnológica que parece generar adicción a los pixels desde redes multipoderosas.

La reconquista de la atención

El cerebro procesa la información de manera distinta en una pantalla que en una página impresa. Investigaciones recientes, como la publicada por la UBA en 2025, “Lectura digital versus impresa: un dilema entre pantallas y papel”, afirman que el ojo sobre el papel es superior para el aprendizaje profundo, la resolución de problemas complejos y la memoria a largo plazo. “La neurociencia explica que el cerebro procesa de forma distinta la información presentada en papel y en pantalla. En el primer caso, se activan áreas relacionadas con la memoria espacial, lo que ayuda a retener detalles claves. En cambio, la lectura en pantalla tiende a priorizar la velocidad sobre la profundidad, lo que puede dificultar la comprensión de la información”, detalla el informe.

Mientras que el soporte digital invita al "escaneo" rápido, el libro físico ofrece un entorno sensorial que ayuda a construir mapas mentales más sólidos. Como también señala el Cerlalc.org (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, asociada a la Unesco), la exposición constante a contenidos fragmentados en redes sociales está reduciendo nuestra habilidad crítica y nuestra paciencia cognitiva.

Mendoza: el archivo como patrimonio vivo

Un ejemplo inspirador de esta revalorización de lo tangible, del papel, es la iniciativa de Los Andes. En un acuerdo histórico propulsado por Google y Adepa, el diario puso en marcha un programa para recuperar y poner a disposición del público su archivo de 142 años de vida. De vida en papel.

Este proyecto busca que la memoria colectiva plasmada en hojas impresas sea un recurso accesible, y esté disponible para el análisis concreto de nuestro pasado. Recategoriza y recupera la importancia de los textos escritos en unidades de lecturas compactas. Únicas. Y las pone al alcance de todos.

Conclusión: salir del laberinto

Para que los menores no se pierdan en el laberinto de las redes sociales —donde el algoritmo decide qué deben ver y sentir—, el impreso funciona como ese hilo vital que los guía hacia el pensamiento propio. Al final del día, aprender requiere tiempo y silencio, dos recursos que el papel protege por diseño.

La educación del futuro no debe ser 100% digital; debería ser una educación equilibrada que sepa cuándo encender la pantalla y, sobre todo, cuándo abrir un libro o un diario para encontrar el camino de salida hacia el conocimiento real.

No es uno u otro. Es todo. Tiene que seguir creciendo (en calidad) la información de internet, y con recaudos para los niños, obvio. Pero fundamentalmente no tiene que morir el discurso papel. Es válido entender que la lectura a fondo es concentración, atención, y ayuda a esquivar las trampas distractivas de los algoritmos.

El autor es secretario de Redacción de diario Los Andes. [email protected]

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