Las redes sociales cambiaron, ¿nosotros también con ellas?
El periodista del The New Yorker, Kyle Chayka, sostiene que la relación de los usuarios con las rrss se ha enfriado. Cambios de algoritmos que alejan aquella idea de que son (¿no lo son más?) un lugar para compartir información con amigos y conocidos.
Tormentas en el mundo de las redes sociales, tras los cambios de sus "búsquedas".
Cuando conocí Facebook, apenas se lanzó, mi primera reacción fue de escepticismo. Pensé algo así: ¿cómo lograrán que, nosotros, los primeros internautas, habituados al anonimato de aquellos días digitales, nos atrevamos a usar nuestro nombre real, publicar datos de nuestra vida cierta, en ese mundo virtual? En aquellos años iniciales del chateo público, el seudónimo era la norma. Internet era concebido como un espacio para jugar, entretenerse, pasarse archivos y, sobre todo, cuidarse. No eran tiempos de exponer lo personal, la tarjeta de crédito o el dinero en esa nueva y livianita retícula llamada “red”. ¡Menos aún los amores verdaderos y la foto de la carompa!
Facebook no solo cambió eso, sino que también se convirtió en un punto de contacto inesperado con la familia: las palabras y los rostros de nuestros padres, tíos y abuelos aparecieron como nunca antes en los monitores. Hasta entonces, los espacios virtuales eran excluyentes; no los compartíamos con nadie. De repente, la plataforma se llenó de gente sonriente, datos inocuos y frases que antes solo tenían lugar en la mesa de la cocina, el sofá y el living de casa. Lo íntimo y lo familiar saltaron a la esfera pública.
Por supuesto, la aparición de esta red social abierta despertó amor, pasión y también críticas hondas. Como ésta del escritor Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas". Linda y delicada opinión.
Luego apareció Twitter, avivando aún más la tónica de contar, a las apuradas y en resumen estricto, lo que nos pasaba. Al principio, el pajarito era usado más que nada para narrar que estábamos comiendo asado o que nos costaba dormir. Cortito y al pie. Natural e inútil, también hay que decirlo.
Instagram, poco después, dejaría de ser un álbum de fotos virtual para sumarse también a la ola de redes sociales que mostraban casi siempre caras sonrientes, aún en el marco de los escenarios más hirientes. Más tsunamis de corazones, me gusta y compartir a destajo.
Aquella primera idea, de que las rrss eran un espacio para que habláramos entre nosotros, los que no somos ni famosos, ni geniales, ni figuras, ni excepcionales, se fue apagando. El negocio cambió. Lo que antes era un genuino punto de encuentro, un espacio donde los amigos se revoleaban anécdotas, compartían recetas y charlaban sin agenda, hoy luce muy distinto. Se ha convertido, fundamentalmente, en una tv 2.0, en plataforma para consumir mediáticos (nuevos famosos), dejando de lado aquella esencia de foro comunitario.
Es como si hubiésemos canjeado la mesa de café por un canal de new stars: hoy lo que más circula es un torrente incesante de contenidos rápidos, protagonizados por figuras instaladas. (Figuras descartables, porque los mediáticos siempre tienen las horas contadas en el contexto de este nuevo sistema acelerado).
VRG_DCD_Kyle_Chayka
Kyle Chayka, el periodista dispuesto a debatir sobre el nuevo perfil de las redes sociales.
Espectadores del show de otro
Hemos pasado de ser protagonistas y oyentes de nuestras propias historias, las de nuestros familiares y amigos, a ser meros espectadores del show de otros. El diálogo íntimo fue reemplazado por la difusión masiva. Eso de contar lo que nos pasa, se reemplazó por esas cuestiones que tanto se dicen en el entorno... pero no por nosotros, sino por los famosillos que nos dan consejos sobre cómo organizar nuestro ropero o cómo conseguir un bronceado perfecto.
“Las redes sociales se han vuelto menos sociales. Ahora se trata de consumir este tipo de contenido altamente mercantilizado. Se trata más de aspiraciones de estilo de vida, no solo de lo que sucede a tu alrededor y cómo te relacionas con tus amigos y familiares. Para mí, eso le quita el sentido a las redes sociales. Si las plataformas están perdiendo su influencia en la vida cotidiana de las personas y la gente normal ya no siente el incentivo de publicar, entonces las redes sociales se convierten en algo parecido a la televisión. Lo que nos queda entonces es la publicidad de marcas, la moda rápida y los anuncios de casas y hoteles, y eso no es lo mismo que el contenido orgánico y con mucha textura al que estábamos acostumbrados”.
Esto sostiene el periodista del The New Yorker, Kyle Chayka. En sus artículos suele determinar con crudeza que la sociedad podría estar inclinándose hacia lo que él denomina "publicar cero": un punto en el que se empieza a sentir que ya no vale la pena compartir vidas en el mundo digital. En este mundo digital somos más espectadores que protagonistas. Este mundo digital que cada vez se parece menos al que podés ver cuando sacas los ojos de tu celular, por poco tiempo que sea…
* El autor es secretario de redacción de Los Andes. [email protected]