En la última ceremonia de entrega de los Oscar se honró, entre las personalidades fallecidas en el año último, a Robert Redford.
De un modo silencioso pero constante, a través del tiempo, desde la base hispánica crece en el pueblo norteamericano la religión del amor, el perdón, la humildad. La elección del último Papa proveniente de los EE.UU., que sucede al argentino, muestra la intensidad de esas adhesiones.
En la última ceremonia de entrega de los Oscar se honró, entre las personalidades fallecidas en el año último, a Robert Redford.
Aparte de sus brillantes actuaciones en filmes famosos, con su sello independiente Sundance produjo películas de bajo presupuesto que profundizan en temas no comerciales, pero sí importantes. Recuerdo una: “The river runs” (1992), en castellano “Nada es para siempre”, que vi en TV en octubre de 2021, donde se ocupa de un tema esencial para la cultura norteamericana. El argumento se centra en una familia presbiteriana. Según el padre -es la doctrina que él predica en su templo- el hombre es un ser malvado, un ser perdido, y Dios no es bondadoso.
La gracia (de ese Dios terrible), se obtiene por el arte, la perfección de la técnica.
Tiene dos hijos (Brad Pitt es el hijo malo). El padre les enseña a pescar. La enseñanza sería que la perfección en el trabajo bien hecho es la única esperanza de redención.
Hay un documental francés sobre Robert Redford donde se habla de la dualidad entre puritanismo y violencia en la historia de los Estados Unidos de Norteamérica (USA).
La historia plantea así un aspecto esencial de la cultura norteamericana, el de la predestinación, que los lleva a buscar el éxito como indicio de salvación. Planteo que se ha visto en un libro clásico: “La ética protestante y el espíritu del Capitalismo”. Parece claro que en uno y otro ámbito no existe la piedad. La iglesia presbiteriana fue fundada por Calvino.
La importancia de esta religión en la historia estadounidense queda expresada en valiosas características, tales como el en rigor en el trabajo, la colaboración, la responsabilidad.
Para el resto del mundo, sin embargo, y por el notable influjo del cine, el gran país del Norte se forjó en la Conquista del Oeste.
En 1976, para recordar los 200 años de la Independencia de los EEUU publiqué en Los Andes un artículo titulado “Frank Lloyd Wright, Gary Cooper y el espíritu de la frontera”. En él hacía referencia a la tesis histórica acerca de la conformación del ánimo expansivo en el progresivo avance de la frontera oeste, hasta llegar al Océano Pacífico. Se completará hacia el sur mediante la guerra con Francia y México.
Dos perfiles del llamado imperialismo “yanqui”. Sin embargo y de un modo silencioso pero constante, a través del tiempo, desde la base hispánica crece la religión del amor, el perdón, la humildad, todo eso que tradicionalmente pareció propio de pueblos “perdedores”: pobres, débiles, atrasados, inestables.
La elección del último Papa, que sucede al argentino, muestra que no hubo equívoco. Al contrario, mostró la intensidad de la adhesión a los valores que surgen de la renuncia, y de los caracteres del mundo latino.
Y que aparecen como superiores, como pura “ganancia”. Es que sólo la fe en Cristo Redentor y el perdón permiten entender el sufrimiento. Por ello aplicando el concepto a la realidad local, podemos decir que está claro que se obtienen ventajas extraordinarias yendo a llorar al Calvario.
* La autora es docente universitaria jubilada.