25 de mayo de 2013 - 21:42

La rana K y el sapo anti, guerra en el estanque

Al kirchnerismo, aún más en su versión cristinista, le gusta el “agonismo” como forma de vida. Vale decir, vivir siempre peleando todos contra todos, siendo esta la forma más saludable de construir la unidad nacional.

Hacia fines de mayo de 2013, no sólo ella iba por todo, sino que todos iban por todos. El Gobierno por la Justicia y los medios independientes. Esos medios por las bóvedas del Gobierno. Los grandes comerciantes formadores de precios, al remarcar, por los aumentos salariales. Los militantes controladores de precios por esos comerciantes. El que podía ahorrar, por dólares. El Gobierno, por los mismos dólares. El Fútbol para Todos, por Lanata. Tecnópolis por La Rural. Tu hermano kirchnerista por vos. Y vos por él.

Estaba la rana cantando debajo del agua. Cuando la rana empezó a cantar vino el sapo y la hizo callar. A esta agotadora guerra en el estanque, los filósofos favoritos del Gobierno la han dado en llamar “agonismo”. ¿Qué es el agonismo? Un estado permanente de taquicardia social que, lejos de infartarnos, nos haría bien.

Pero lo explica mejor quien propone el tratamiento, la politóloga belga Chantal Mouffe: “Lo político se construye a través de lo que yo llamo un consenso conflictivo entre diversos actores.

Hay principios éticos-políticos que van a ser interpretados de manera distinta, y eso es algo positivo. El conflicto es constitutivo del hombre. En el campo de las identidades colectivas, se trata de la creación de un ‘nosotros’ que sólo puede existir por la demarcación de un ‘ellos’”.

-Estimada Chantal: sus consideraciones acerca del conflicto como motor de cambio social son impecables. Ahora, ¿un agonismo por semana no es mucho? Le digo porque en Argentina estamos en esa dosis. O más.

Sin contestar, Chantal da por terminada la mesa y se retira a su hotel. Ella vendió la idea. Por la implementación, hay que hablar con el Cuervo Larroque.

Mientras tanto, en el cuartel, cientos de militantes se alistan para ir a la guerra de precios. Es que el hombre (de negocios) es bueno, pero si se lo vigila es mejor.

Aquí algunas recomendaciones para los noveles inspectores acerca de a dónde ir y qué revisar:

-A las 8.30 en punto, apersónense en Supermercados Tandanor y comprueben que en góndola la reparación del rompehielos Irízar la están cobrando 491 millones de pesos. Con esa plata se podrían comprar dos barcos usados pero que funcionan. O el Titanic con DiCaprio adentro.

-A las 10, métanse en el despacho de Abal Medina, controlen cuánto vale el segundo de publicidad oficial y a quién se reparte. Observen que en 2012 Abalito gastó 1.900 millones de pesos, el doble de lo que se gastó en infraestructura hídrica. ¡Ah! Y a los inundados de pauta oficial llévenles colchones. Así la guardan.

-A las 12, pasen por Madero Center y calculen ya no el precio político sino el sobreprecio que paga la Presidenta por sostener a Boudou.

-Finalmente, en cada negocio que se resista a la inspección, pongan una faja de clausura con un calco que diga: “La pobreza y la desocupación que produjeron los gobiernos militares y neoliberales fueron el caldo de cultivo para la aparición de un gobierno populista. El kirchnerismo es populista y se está tomando el caldo. Pero no es el que lo preparó”.

Queridos militantes, un eslogan a recordar: “¿Mirar qué? Los precios. ¿Cuidar qué? El bolsillo del pueblo”.

Un eslogan a no recordar: “¿Cuidar qué? El bolsillo del pueblo. ¿Mirar qué? El bolsillo de los funcionarios”.

Caía la noche en el estanque agonista de las ranas K y los sapos anti, cuando un grillo cantó bajito: “Fidel lo mandó al Che a la selva boliviana, solo, sin apoyo. Y Cristina mandó al hincha de Boca y de River a la cancha en invierno a las 10 de la noche”.

Todo sea por la Revolución.

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