Bastaría invertir una vocal de lugar para que Ramón se transformara en Román y viceversa. No sólo la similitud en cada uno de los nombres que los convierte en fácilmente identificables es el signo distintivo del entrenador y del futbolista, sino que en ambos casos se trata de los máximos referentes que tienen River Plate y Boca Juniors hoy día, respectivamente. Uno, tanto con los pantaloncitos cortos como en su etapa de DT; el otro, aún con la diez en la espalda. Y encima, con otra carta credencial en común: la de prodigarse una admiración mutua, más allá de ser íconos antagónicos entre "millonarios" y "xeneizes".

