Silencioso, con su mirada siempre hacia el piso, sin hablar, Mariano Luque parece una persona común. Pero ese silencio que parece caracterizarlo esconde la terrible verdad sobre los dos crímenes a dos mujeres de su entorno por los que fue condenado a prisión: el de Johana Chacón (13) y el de Soledad Olivera (29). El ahora condenado a 32 años de cárcel (se le unificaron ambas penas) nunca admitió ninguno de los dos asesinatos.
"Son inocente", se limitó a decir el obrero rural de 33 años ante las preguntas de policías, fiscales y jueces. Fue su propia ex pareja y hermana de la estudiante lavallina asesinada en 2012, Beatriz Chacón, quien finalmente se quebró y contó que había visto cómo había ahorcado a la pequeña hasta matarla. Imperturbable, Mariano Luque dijo que era un invento de la mujer con la que tuvo gemelos. "No entendí por qué Beatriz declaró eso. Muchas cosas no son reales", declaró ante los jueces.
A Luque se lo vio llegar a cada audiencia de los tres juicios a los que fue sometido con una parsimonia que parecía condecir con sus dichos de inocencia. Pero las pruebas en su contra hablaron por él en más de una ocasión y terminaron por condenarlo.
El fiscal Alejandro Iturbide había solicitado que Luque fuera juzgado por el homicidio criminis causa de Johana. El fundamento del fiscal se apoyaba en que Luque habría asesinado a la estudiante para procurar su impunidad, que lo hizo para ocultar otro crimen: el de Soledad Olivera.
Y, en ese sentido, se abrieron dos hipótesis: que asesinó a Johana porque la adolescente sabía que Luque había matado a Olivera o que quería tapar un posible abuso sexual a la chica realizado por él mismo o bien por alguien del entorno de la niña.
Finalmente, los jueces Rafael Escot, Gonzalo Guiñazú y Aníbal Crivelli condenaron por homicidio simple a Luque a 24 años de cárcel y unificaron la pena con la condena a 12 años recibida por el asesinato de Soledad Olvera, quien desapareció un año antes que Johana, cuando iba camino a la finca de Tres de Mayo donde vivía Luque.
Las dos pruebas que complicaron -y mucho- a Luque fueron una remera de que usaba Johana que tenía manchas de semen del ahora condenado y los huesos de un ser humano de entre 11 y 18 años que analizaron antropólogos. Los restos (se cree que son de Johana) fueron encontrados en la finca donde vivían la joven y Luque en el mismo sitio donde Beatriz contó que la había incinerado.
La vida de las dos víctimas y de quien la Justicia señaló como su victimario se desarrolló en la misma localidad lavallina: la de Tres de Mayo. Sobre la ruta 36 está ubicada la escuela Virgen del Rosario, a la que asistían Johana y los hijos de Soledad.
Ambas mujeres asesinadas fueron vistas por última vez en inmediaciones de la finca Curallanca, apellido del padrastro de Luque. Ambas se relacionaban con Luque de distintas maneras. La trágica relación entre ellas, además de su terrible destino, es que nunca se encontraron sus restos y que su asesino nunca confesó los hechos.