La semana pasada se dieron a conocer los resultados más recientes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA (por sus siglas en inglés), con el cual se compara qué tan bien pueden aplicar los estudiantes de 15 años, de 65 ciudades y países, sus habilidades en matemáticas, ciencia y lectura en la resolución de problemas del mundo real, y no fueron buenos para el equipo estadounidense.
Andreas Schleicher, quien dirige el PISA le dijo al Departamento de Educación de Estados Unidos: “Hace tres años, vine aquí con un informe especial con la evaluación por comparación de Estados Unidos con algunos de los sistemas educativos de mejor desempeño y mejoras rápidas.
La mayoría ha seguido avanzando más, ya se trate de Brasil, el cual avanzó desde el último lugar, o Alemania y Polonia, que pasaron de adecuados a buenos, o Shangái y Singapur, de buenos a grandiosos. Los resultados en matemáticas de Shangái, que fue el mejor en desempeño, son de dos años y medio más avanzados que, incluso, los de Massachusetts, el líder dentro de Estados Unidos”.
Nada bueno. Estamos en una era en la que la mundialización y la revolución en la tecnología de la información se han fusionado para encoger drásticamente lo que fue la base de nuestra clase media durante tantos años: el empleo de “salario alto y habilidades medias”.
En un mundo de muros, menos integrado y menos automatizado, donde los sindicatos tenían mayor control, muchos estadounidenses podían tener un estilo de vida de clase media en promedio, con cualificaciones medias. En el mundo hiperconectado de hoy día, sin muros -donde más indios, chinos, computadoras, robots y programas informáticos pueden desempeñar más empleos medios promedio, en fábricas u oficinas-, los únicos empleos de salarios altos son, cada vez más, los que requieren alta cualificación.
“En la última década, el crecimiento en el empleo en el mundo industrializado se ha dado, casi exclusivamente, hasta arriba de la distribución de habilidades de PISA”, explicó Schleicher, “en tanto que las habilidades cognitivas rutinarias, el tipo de cosas que son fáciles de enseñar, pero también son fáciles de digitalizar y subcontratar, han visto el descenso más pronunciado en la demanda”.
El presidente Barack Obama notó la semana pasada que ésta era una razón por la que el 10 por ciento más alto en Estados Unidos se queda con la mitad de nuestro ingreso nacional, en comparación con un tercio en 1979. Una respuesta es aumentar el salario mínimo y proporcionar atención sanitaria nacional.
Espero que funcionen las dos, pero ninguna resolverá el problema. “Desde que se está volviendo cada vez más apretado el vínculo entre cualificación, empleo y crecimiento, será cada vez más difícil para los gobiernos resolver las desigualdades mediante la redistribución”, argumenta Schleicher.
Debo decir a favor de Obama que también ha estado llamando a que se invierta más en la educación preescolar, en universidades tecnológicas y asequibles, pero los republicanos sólo hablan de recortes fiscales. Estos solos, tampoco son una solución. Nuestros chicos se enfrentan a tres grandes ajustes.
Primero, para estar en la clase media, necesitarán mejorar constantemente sus cualificaciones a lo largo de la vida. Segundo, para hacerlo, necesitarán muchísima más automotivación. Pronto desaparecerá la “división digital”. Bastante pronto, prácticamente todos tendrán una pantalla y conexión a internet. En ese mundo, argumenta la futurista Marina Gorbis, la gran división será “la división en la motivación”: quienes tienen la automotivación, la determinación y la persistencia para aprovechar todas las herramientas en línea, gratuitas o baratas, para crear, colaborar y aprender.
Y tercero, los países que prosperen más serán los países que posibilitan una imaginación elevada -HIE, por sus siglas en inglés-, que atraen y permiten que el talento esté derivando ideas nuevas constantemente, así como empresas emergentes, la fuente de los empleos más nuevos y más buenos.
Ahora, veamos el informe PISA más reciente. Señala que los estudiantes más exitosos son los que sienten tener “propiedad” real de su educación. En todos los sistemas escolares de mejor desempeño, dijo Schleicher, “los alumnos sienten que personalmente pueden marcar la diferencia en sus propios resultados y que la educación cambiará su futuro”.
La investigación PISA, dijo Schleicher, también muestra que “los estudiantes cuyos padres tienen expectativas elevadas para ellos tienden a ser más perseverantes, a tener una mayor motivación intrínseca para aprender”.
Las escuelas PISA de más alto desempeño, agregó, tienen culturas de “propiedad”; un alto grado de autonomía profesional para los maestros en el salón de clases, donde participan en darle forma a los estándares y el plan de estudios, y tienen tiempo suficiente para el continuo desarrollo profesional.
De tal forma que no se trata al magisterio como a un sector en el que los maestros sólo chorrean e implementan las ideas de otros, sino, más bien, es “una profesión en la que los maestros tienen la propiedad del ejercicio de su profesión y de los estándares, y se hacen responsables”, dice Schleicher.
Estamos pasando por una enorme transformación tecnológica en medio de una recesión. Se requiere una respuesta sistémica. Los demócratas que protegen a los sindicatos docentes que bloquean las reformas para darles mayor propiedad y rendición de cuentas, y que se niegan a abordar las subvenciones presupuestarias a largo plazo que amenazan con privarnos de los fondos para invertir en los jóvenes, están dañando a nuestro futuro.
Los republicanos que bloquean las inversiones en cosas como la educación temprana y la reforma migratoria -hoy, educamos al talento más elevado del mundo en nuestras universidades y luego lo enviamos de regreso al país de origen- están dañando nuestro futuro.
Los conservadores necesitan pensar en forma diferente sobre las redes de seguridad de corto plazo porque necesitamos facilitarles el paso por este periodo a algunas personas, y los liberales necesitan pensar más seriamente en cómo incentivamos y desatamos a los atrevidos para que empiecen compañías nuevas que generen crecimiento, riqueza y buenos empleos. Para tener más empleados, necesitamos más empleadores. El solo volver a dividir un pastel en crecimiento lento no sostendrá al sueño estadounidense.