Está terminando un año que fue muy convulsionado. En primer término, los condicionantes políticos en vista de las PASO y las posteriores elecciones legislativas, minaron cualquier esperanza de un nuevo mandato para Cristina Fernández de Kirchner.
Está terminando un año que fue muy convulsionado. En primer término, los condicionantes políticos en vista de las PASO y las posteriores elecciones legislativas, minaron cualquier esperanza de un nuevo mandato para Cristina Fernández de Kirchner.
Así fue como se abrió un juego de competencias para ocupar el liderazgo de un peronismo que hoy no está en el poder y la lucha de un kirchnerismo que estando en el poder, ha visto disminuir sus chances de ser mayoría.
Lo más importante que pasó
El 2013 se caracterizó por una aceleración inflacionaria, una caída de la tasa de inversión y un menor nivel de actividad económica. Hasta el mes de agosto, la devaluación del dólar oficial era muy lenta y la cotización del dólar “blue” llegaba a marcar una brecha del 100% con el oficial. La fuga de dólares se canalizaba por el mercado de bonos, por el turismo, por las compras en el exterior y las ventas de autos en el mercado interno.
Pese al cepo cambiario, una mejor cosecha y mejores precios de los granos, el Banco Central termina el año con una pérdida superior a 12.000 millones de dólares, quedando con un stock de reservas muy comprometido. Mientras tanto, la inflación real se proyecta a un número cercano al 30%, aunque el Indec solo reconozca 11%.
En el último trimestre comenzó a acelerarse la devaluación del dólar oficial, pero sobrevino un hecho que cambió las perspectivas, como fue la enfermedad de la Presidenta, que obligó a una intervención quirúrgica y recomendaciones de reposo y menos estrés.
De ahí sobrevino un cambio en ciertos puestos en el gabinete, con la llegada de Jorge Capitanich, como jefe de ministros y de Axel Kicillof como ministro de Economía. También fue notoria la llegada de Juan Carlos Fábrega a la presidencia del Banco Central y la salida del polémico Guillermo Moreno de la Secretaría de Comercio.
Desde ese momento se insinuó que habría cambios, aunque hasta el momento solo han sido retoques de maquillaje. El único cambio perceptible ha sido una aceleración del dólar oficial, que ya está en $ 6,50 y superó con creces la previsión de un valor de $ 6,30. Este movimiento se combinó con impuestos a la importación de autos de lujo y una suba de la retención del impuesto a las Ganancias para compras de viajes y gastos en el exterior.
Además, con el fin de mejorar las reservas, el BCRA emitió una letra destinada a los exportadores de granos, dándoles una especie de seguro de cambio con el objeto de que ingresen divisas. A esto se sumaron las inversiones que llegan para sumarse al sector petrolero, así como un préstamo de 500 millones de dólares obtenido por YPF en los mercados internacionales.
Todo lo que parecía una posibilidad de revisión del modelo quedó en la nada. No se esperan cambios en la estructura de los subsidios a los servicios públicos, que en 2013 alcanzaron la cifra de 150.000 millones de pesos. Siendo una de las fuentes básicas del gasto público y el déficit fiscal, son la causa principal de la inflación, la que ha quitado competitividad a las exportaciones.
Ya se sabe que el gobierno seguirá emitiendo moneda, tal como lo reconoció el titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega. Este, dijo que la emisión de 2013 había sido del 25% y que trataría de reducirla “un poco” en 2014. También hay que esperar una aceleración de la devaluación del tipo de cambio oficial.
Lo que se espera
En estos días, varias consultoras han publicado sus predicciones para 2014 y, en general, todas coinciden en el escenario, aunque difieren en los resultados finales, pero no por mucha diferencia. En general, las consultoras estiman que la economía crecerá entre 0 y 1,5% y que la inflación rondará entre 28 y 30%.
A pesar del escepticismo reinante, algunos creen que, más por necesidad que por convicción, el gobierno deberá recurrir a retocar las tarifas eléctricas. De esta manera tendría un doble beneficio, ya que gastaría menos pero le subirían los ingresos por los impuestos asociados a estos servicios. Esto surgió de la consultora Abeceb, desde donde prevén, también, un dólar oficial cercano a $ 8 y un informal cercano a $ 13.
También es preocupante lo que pueda ocurrir con el saldo comercial y el nivel de las reservas. Sabido es que el equipo de gobierno ha decidido intentar volver a los mercados internacionales, para lo cual están intentando resolver cuestiones pendientes.
La renegociación de las sentencias en Ciadi ha sido un primer paso y queda terminar de arreglar con Repsol (negociación que aún está abierta y sin final claro) y con el Club de París, que estaría exigiendo un pago inicial importante. En este caso, los más duros son Alemania y Japón.
En este rubro, las estimaciones van desde un superávit de 5.000 a 8.500 millones de dólares, mientras que la estimación de reservas varía entre 20.000 y 25.000 millones de dólares. Por supuesto, en estas diferencias hay diversas evaluaciones acerca del éxito que el gobierno pueda tener o no para conseguir crédito.
También influirá el saldo comercial, ya que los últimos datos permiten esperar una menor cosecha de granos con precios descendentes. No se espera una mejora en la situación de las economías regionales, mientras que las exportaciones a Brasil se complican más que este último trimestre, lo que trae dudas acerca de la actividad industrial en el sector automotriz.
En este aspecto, la expectativa de una aceleración inflacionaria complica la perspectiva comercial, ya que no habría recuperación del tipo de cambio real.
Y todo esto terminará repercutiendo en la situación fiscal. Los estudios de Fiel revelan que se espera un mayor deterioro de la situación fiscal, por la persistencia de los subsidios y la asistencia que la Nación deberá hacer a las provincias, que están en una situación límite. En ese sentido, los cálculos oscilan entre 70.000 y 110.000 millones de pesos de déficit del Tesoro para 2014.
En todos los casos, hay preocupación por los niveles de demandas salariales que los sindicatos puedan plantear en las próximas paritarias. Esta expectativa inflacionaria, por supuesto, da por sentado el fracaso del nuevo acuerdo de precios que el gobierno propone a partir del 3 de enero. De ser así, no debería extrañar una profundización de la intervención del gobierno, lo que agudizará el problema.
Desde la consultora Ecolatina, las previsiones no son buenas, ya que esperan un magro crecimiento del 1%, con una inflación del 28,5%. Se prevé un dólar oficial en $ 8,30 y un saldo comercial de 4.800 millones de dólares, mientras que el resultado del Tesoro espera un déficit de 115.000 millones de pesos.
Proyecciones para Mendoza
Nuestra provincia no escapa al panorama general. Si bien ha conseguido una refinanciación de la deuda con la Nación, el panorama fiscal no luce alentador, dado que la economía local deberá enfrentar un año de una pobre producción frutícola y hortícola y el sector vitivinícola no podrá recuperar sus niveles históricos de precios dada la pérdida de competitividad de las exportaciones.
El sector de base agrícola no atraviesa un buen año por circunstancias climáticas y de niveles de precios internacionales, lo que le da pobres perspectivas a las industrias elaboradoras o conserveras y a la metalmecánica dedicada a abastecer este rubro.
El sector que tendrá buenas posibilidades de proyectarse será el de los servicios petroleros y la metalmecánica asociada al sector. También podrá desarrollarse el sector dedicado a la venta de materiales de construcción, estimulado por los préstamos de Procrear, pero no se avizoran grandes perspectivas para el sector inmobiliario, de sostenerse una brecha cambiaria superior al 30%.
Quizás el sector que mejor pueda desempeñarse sea el del turismo, dado el encarecimiento de los costos de viajar al exterior. Seguramente habrá que esperar un buen volumen de turismo interno y algo de extranjeros que lleguen alentados por la mayor devaluación.
El año 2014 será un año chato, ya sea porque las modificaciones afecten en forma significativa el poder adquisitivo de los salarios o porque sigan faltando estímulos confiables para restaurar los niveles de inversión necesarios.
Pero, aunque no sea un año electoral, la política tendrá una significativa importancia en lo que pase en la economía, y sus consecuencias no deben ignorarse.