Plan de gobierno
Plan de gobierno
Idea y realidad son, para Juan M. Bargalló Cirio, los componentes de la política. Ni es puro idealismo (puesto que deviene en utopismo) ni mera realidad (puesto que deviene en dominación).
Idea y realidad no tienen una relación de plena adaptación ni continuidad. El político debe cambiar su idea de gobierno cuando se enfrenta a la realidad del poder. Y después están los imponderables, el alocado curso de las circunstancias, los cambios en el contexto.
Maquiavelo le llamaba “fortuna” a este factor decisivo de la política: un torrente desbocado que arrasa todo a su paso y que el gobernante debe saber conducir.
De ahí que los programas de gobierno tengan un valor relativo para valorar los logros y la coherencia de un proyecto de político. No obstante, esos documentos, librados en plena lucha electoral, sirven para encuadrar un período o una gestión de gobierno, observar las anticipaciones y el curso aproximado de las políticas de Estado.
Después del derrumbe
En marzo de 2003, Néstor Kirchner y Torcuato Di Tella publicaron un libro con objetivos electorales: “Después del derrumbe”, un plan de gobierno presentado en forma de entrevista. El texto responde a un equilibrio entre un proyecto transformador y las cautelas de no presentarse como demasiado rupturista. Resumimos los pasajes más relevantes.
1. Economía. La idea central de Kirchner es la recuperación del Estado como herramienta principal. No hay propuestas de nacionalización o estatización de sectores de la economía (lo aclara explícitamente) excepto el caso puntual, no muy desarrollado, de la línea aérea de bandera. Se plantea en cambio un control estricto sobre concesionarios de servicios públicos, industrias extractivas y empresas de energía.
Su modelo productivo es básicamente exportador. No menciona la necesidad de fortalecer o desarrollar un mercado interno ni, como insistieron entonces algunos economistas heterodoxos, “vivir con lo nuestro”. Propone estrategias de apoyo y promoción al complejo agroindustrial, al que califica como un sector francamente competitivo.
2. Políticas sociales, violencia. El candidato se basa en el argumento del gasto público como inversión social. La propuesta, no obstante, no se despliega en políticas específicas sino en la integración territorial del país, el desarrollo de infraestructura, el aseguramiento del recurso antes de comprometer el gasto y la gestión eficiente del Estado. Di Tella lo interpela: "Pero Kirchner, esto no saca a la gente de la pobreza". Kirchner responde: "Es el primer paso, Torcuato. Porque el problema de la pobreza se va a solucionar desde las políticas económicas, no desde las políticas sociales".
El propio desarrollo económico, motor del trabajo digno y la seguridad social, es el instrumento principal para combatir la violencia. Kirchner asume una posición intermedia -pretendidamente superadora- entre el garantismo y la represión.
3. Reforma constitucional. Sorprende el claro pronunciamiento en favor de una adaptación del sistema político con elementos del modelo parlamentarista, para moderar las rigideces propias del presidencialismo que producen inestabilidad.
4. Educación. Es llamativa su idea de planificación de políticas universitarias, para hacer más eficiente el presupuesto destinado a tales instituciones: Kirchner observa la enorme brecha que existe entre la cantidad de inscriptos y la de graduados. Di Tella incluso propone cupos y un criterio de ingreso más riguroso.
5. Fuerzas Armadas. Kirchner subraya el rol principal de las FFAA en materia de defensa, su subordinación a la política exterior y su completa exclusión de tareas de seguridad interior. En este sentido, observa como rasgo muy positivo su progresiva despolitización.
6. Impuestos. Kirchner señala el carácter regresivo del sistema impositivo nacional al gravar principalmente al consumo y no a la riqueza. Su objetivo es disminuir el peso del IVA en la estructura impositiva y hacer de la Administración Federal de Ingresos Públicos un organismo eficiente, potenciado para combatir con éxito la evasión fiscal.
7. Deuda externa. Las consideraciones en torno del endeudamiento están lejos de cualquier énfasis antiimperialista. "No creo que el problema realmente sean los acreedores. Este tema de los 'cucos' me hace acordar los años '70, cuando para mi generación la culpa de todo la tenía el imperialismo y nos quejábamos de que los conservadores no nos dejaban hacer la revolución".
Papel mojado
Si resulta difícil no estar de acuerdo con la mayoría de las muy razonables propuestas de gobierno de Kirchner en 2003, también es inevitable ver que prácticamente nada del programa delineado fue llevado a cabo.
El Estado recuperó el centro de la política y la economía. Pero no se transformó en un Estado fuerte sino inflado e ineficaz. Los controles sobre los servicios públicos no se aplicaron sino tardíamente, por desidia o complicidad del poder.
Las reestatizaciones -que finalmente sí se practicaron- fueron operaciones gravosas para las finanzas públicas, no respondieron a un plan definido y se decidieron en función de urgencias de caja y especulaciones a corto plazo.
El esquema exportador fue abandonado en beneficio de un modelo engañoso y artificial de incentivación del consumo. Adicionalmente se declaró la guerra a los productores agrícolas y a las economías regionales, a las que dejan en ruinas.
Las políticas sociales instrumentadas a través de subsidios, empleo público y planes sociales nunca fueron revertidas con generación genuina de empleos: la política económica no fue la estrategia principal de inclusión. El resultado es un crecimiento exponencial del asistencialismo.
Un ámbito en el que se advierte especialmente la ausencia del Estado es en las políticas de seguridad. Durante años el gobierno negó sistemáticamente el aumento de la violencia y el crimen. El problema, que ya era preocupante en 2003, sencillamente se ignoró.
En materia de régimen político, los proyectos de reforma constitucional del oficialismo fracasaron, pero el objetivo nunca tuvo un sentido parlamentarista sino, por el contrario, la mayor concentración posible de poder en manos del Ejecutivo.
La racionalización en materia universitaria nunca fue puesta en práctica. Al contrario: la brecha entre alumnos y egresados siguió aumentando, agravándose con una proliferación oportunista y demagógica de universidades nacionales.
Las FFAA reemplazaron a los caóticos y desacatados organismos de inteligencia del Estado. Su rol se ha reorientado básicamente a tareas de espionaje y vigilancia interna. Esto ha contribuido a su repolitización.
La AFIP se convirtió en un organismo eficaz, pero el IVA se mantuvo en valores propios europeos, muy lejos de la media de América Latina. El sistema impositivo argentino sigue siendo regresivo.
Finalmente, la confrontación con los acreedores internacionales se convirtió en el punto fuerte de la política de gobierno: el episodio los “fondos buitre” le ha permitido montar un sainete seudonacionalista.
¿Es que las ideas transformadoras de los Kirchner sucumbieron ante una realidad invencible? Evidentemente, no. Fueron moderados allí donde tenían que ser radicales. Se radicalizaron allí donde había que ser moderados. Cristina les pregunta a sus críticos qué hicieron ellos. Independientemente de no entender la disidencia, debería empezar por explicar qué hizo ella y su marido durante estos doce años: el “país normal” que nos prometieron nunca llegó.