16 de febrero de 2014 - 00:24

Problemas para un mundo sustentable

Tanto el cuidado de los recursos naturales como un crecimiento poblacional acorde con el desarrollo económico, son condiciones necesarias para una mejor calidad de vida, ya sea para los seres humanos como para el planeta en que vivimos.

Antiguamente se pensaba que una mayor población significaba más brazos para la producción, más base de imposición para mantener los Estados, más soldados para los ejércitos y, más adelante, para la generación de riqueza que satisfaría a más consumidores de alimentos, vestidos y herramientas, entre otras cosas. Por épocas esto era muy útil debido a la frecuencia de las guerras o pestes que obligaban luego a reponer las vidas perdidas. Debido a estas razones, en Francia, por ejemplo, los reyes habían instituido sistemas de premiación para las familias numerosas.

El mundo al final del siglo XVIII tenía unos 900 millones de habitantes que no poseían el nivel y la calidad de alimentación de que disponen hoy los 7.000 millones que habitan este planeta. Esto significa que a pesar de los estudios y del pesimismo de Thomas Malthus (“Ensayo sobre el principio de la población”) en relación con la suficiencia de los bienes de subsistencia respecto de la población existente, el mundo fue acompañando el crecimiento con una mayor producción de alimentos acorde con las nuevas necesidades. Malthus creía que la población llegaría a crecer infinitamente mientras que la producción de los bienes de subsistencia sería finita, porque llegaría el momento en que no quedarían más tierras para cultivar.

Sin embargo, su pensamiento no quedó allí y su preocupación por este tema lo llevó a expresar que todos los males naturales eran frenos importantes al crecimiento de la población. Pero, aun así, su enfoque estuvo orientado más a la acción deliberada del hombre que al efecto de las catástrofes.

En realidad, su objetivo principal fue trabajar sobre el control de la fecundidad humana a través del diferimiento de los matrimonios.

Él era un economista inglés pero también era monje, por lo cual tenía considerables estudios humanísticos y sociales. Ya por la mitad del siglo XVIII afirmaba que había dos tipos de matrimonios, aquéllos que procrean con el objetivo de crear una familia a la cual cuidar, alimentar y educar y, por otro lado, los que tienen hijos como un designio de Dios sin preguntarse nada adicionalmente.

Esto último, según él, era causa de miseria y/o mortalidad en un medio donde la expectativa de vida al nacer era de 32 años. La sustentabilidad era su preocupación conociendo cómo la naturaleza castiga las acciones impensadas de los humanos.

Es evidente que Malthus no acertó con sus predicciones del mundo en cuanto al equilibrio entre la población y los medios de subsistencia, pero no podemos decir que el planteo esté equivocado, las transformaciones que hoy estamos viendo y, principalmente, la complicación generada por el cambio climático, posiblemente le den la razón en el futuro.

Muchos autores actuales piensan que eso será así y que Malthus post mortem verá cumplidas sus predicciones, mientras que algunos críticos, de los que tuvo muchos, como Ester Boserup, de la Universidad de Chicago, o Bjorn Lomborg, de Cambridge, han estado más acertados hasta hoy, sosteniendo que una mayor presión poblacional tiende a inducir cambios tecnológicos necesarios para la satisfacción de las necesidades humanas.

Lo cierto es que el aumento de la población mundial tiene en vilo a mucha gente estudiosa sobre el tema, a religiones, a etnias y a ciertas comunidades. Cada año se suman a este planeta 80 millones de personas que demandan comida, agua, abrigo, educación, trabajo y bienes, al mismo tiempo que contaminan de muchas maneras poniendo en riesgo el mencionado equilibrio.

Malthus siempre pensó que los frenos positivos (catástrofes en general) al crecimiento poblacional fueron más efectivos porque simplemente se daban; en cambio, los frenos preventivos (acciones de administración) dependían, en todo caso, de un posicionamiento moral o religioso de las comunidades transformándose en discusiones o debates que no siempre terminaban en acuerdos. De hecho, diversas fuerzas sociales en el mundo nunca estuvieron de acuerdo con la postura de Malthus, a pesar de los esfuerzos que realizó para concientizar a los pueblos de la importancia de planificar la familia antes de procrear.

En su teoría, Malthus afirmaba que las políticas de beneficencia empeoran doblemente la situación de los pobres, en primer lugar porque inducen al aumento de la población sin que esto signifique necesariamente que aumente la producción de alimentos, luego porque cualquier ciudadano podía tener hijos sin la certeza de poder mantenerlos. En consecuencia, estas políticas, según él, perjudicaban la situación del conjunto ya que los mismos bienes deben repartirse entre más gente.

Muchos pueblos religiosos siguen el precepto de la voluntad de Dios cuando encaran la formación de una familia, pero ese precepto no autoriza a tener hijos a granel priorizando sus instintos antes que sus obligaciones más elevadas. La intención del Creador, seguramente, no ha sido fomentar miseria, enfermedad o vicios sino un mundo feliz y saludable.

Por lo dicho, quedaría claro que algo deberemos hacer para no seguir presionando los recursos naturales en la actual estructura del mundo, y ese algo tiene que ver con la tasa de crecimiento de la población mundial, además de la explotación racional de dichos recursos, en particular los no renovables.

El mundo no se acabará en pocos años por falta de alimentos, pero debe ser manejado con responsabilidad, y esto equivale a decir, en palabras de Jeffrey Sachs, que debería tener como objetivo estabilizar la población mundial en un rango de 8.000 millones de personas a mitad del siglo XXI, en el contexto actual.

El delicado equilibrio explicado ha sido y es preocupación de mucha gente del pensamiento científico, ya sea ortodoxos o escépticos, que, a partir de Malthus y hasta nuestros días han realizado un profundo aporte intelectual para proteger a nuestro hábitat presente y advertirnos de los peligros futuros.

Sólo los gobiernos, en general, y las industrias dedicadas a la extracción y procesamiento de recursos naturales han sido y son impermeables a las ideas de un mundo sustentable desde que priorizan el objetivo económico sin advertir que el mundo es uno solo para todos y que sería mejor si lo hiciéramos sustentable.

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