13 de julio de 2017 - 00:00

Problemas para concebir, una ‘carga’ social y personal

Por sentimientos de culpa y ansiedad, muchos pacientes terminan aislándose, ya que prefieren evitar reuniones con amistades donde los hijos son el centro de las charlas. Las preguntas terminan siendo las mismas y los desborda la impotencia frente a una re

Las dificultades para concebir suman a las personas una gran carga emocional. Especialistas que trabajan con ellos señalan que presentan ansiedad muy vinculada a los temores, culpa y estados depresivos mientras que es común que se aíslen socialmente. 

La licenciada en Psicología  María Villamil, psicóloga de IVI Buenos Aires (un instituto de reproducción) señala en una columna sobre el tema que "la llegada del diagnóstico de infertilidad trae consigo la aparición de sufrimiento emocional, que será más o menos intenso en función de diversos factores personales de los pacientes". La profesional se atreve incluso a cuantificar el impacto y menciona que "entre 25 y 65% de los pacientes que realizan un tratamiento de Reproducción Asistida van a presentar en algún momento síntomas de ansiedad, depresión, culpa o aislamiento social, entre otros".

"Son reacciones comunes para un diagnóstico inesperado", señaló la psicóloga especializada en Reproducción  Asistida, Rocío Alaniz. Explicó que la situación se transita más en soledad al principio y que cuesta hablar del tema, pero que luego al recibir información el impacto se va moderando

“La mayoría  fluctúa entre depresión y ansiedad que son alteraciones que no son el trastorno en sí (que es más prolongado) esto es una reacción esperable”, detalló.

Dijo además que como atenuante de estas emociones y conductas aparece, además de la información,  el contacto con otras realidades similares. Esto suele suceder cuando llegan a la clínica para el tratamiento, ven que a otros les sucede lo mismo y se enteran incluso que personas que conocen se encuentran en la misma situación.

Romina Montaña es instrumentista en un instituto donde se realizan tratamientos de fertilidad, es responsable del quirófano, y acompaña a las personas en el proceso. 

Desde la práctica observa que cuando llegan por primera vez  el tema está más “charlado” con el entorno. “La primera vez vienen con la familia y amigos, pero si no funciona, es terrible el cambio que hacen para los nuevos intentos. Luego vienen solos, no quieren contarle nada a nadie, y si se encuentran con alguien conocido piden por favor que no contemos nada; también me ha pasado encontrarlos por la calle y que me den vuelta la cara”, relató.

Dijo además que cuando el varón debe realizarse intervenciones más invasivas lo viven como algo terrible y con mucha intensidad, “no quieren ni hablar del tema y en esos casos hay que acompañar mucho más a la mujer”.

Hay que primero aceptar el diagnóstico para luego abrirse al entorno.

Cuando la vida social pesa

Alaniz se refirió a las causas por las que se termina evitando ciertos aspectos de la vida social. "Se supone un mundo fértil y por eso, es como si se expulsara a la gente que no tiene hijos", razonan especialistas en el tema. 
Los afectados se encuentran con personas de su entorno, de su mismo rango de edad ya tienen hijos y es uno de los temas recurrentes de charla. En las reuniones además suele haber mujeres embarazadas lo que implica afrontar las propias emociones frente a esto y no poder compartir a pleno la felicidad del otro.

Asimismo muchos eventos suelen estar asociados a los hijos como un baby shower o cumpleaños infantiles.

Pero además hay cierto resquemor por contar lo que sucede ya que, asociado a la sexualidad, se supone algo íntimo personal o de la pareja. A partir de esto se genera una especie de círculo vicioso por el cual ante la falta de información el entorno pregunta y las preguntas terminan por incomodar a muchos.

Cuando ingresan en el mundo de los estudios aparecen los temores por las intervenciones, por los resultados, la ansiedad, los indicadores, las probabilidades y las opciones terapéuticas. “A medida que avanzan en los tratamientos, van creando un bagaje emocional formado por el miedo al fracaso, la soledad y el ocultamiento social del problema. Estos sentimientos dificultan a los pacientes compartir con su entorno social sus problemas reproductivos. A veces piensan que es un tema muy personal o hasta sienten que hay algo roto en ellos, como si su cuerpo estuviese fallando y por eso les cuesta compartir esto que les está pasando”, añadió la licenciada Villamil. Para la profesional se trata de un proceso lento pero necesario: aceptar primero el diagnóstico para luego abrirse al entorno. Esto debido a que es muy importante el apoyo de los afectos en esta instancia.

Sucesión de emociones

Luciana Mantero, periodista y autora del libro "El deseo más grande del mundo" que se refiere a la temática en primera persona y con diversos testimonios dijo que las personas atraviesan por una cadena de sensaciones que suelen ser parecidas, sin embargo cada uno hace su propio proceso. "La primera es bronca, dolor y negación, lo primero que pensás es que se equivocaron (negación)", comentó. Dijo que también es habitual preguntarse ¿por qué yo?. La culpa proviene de cuestionarse si se habrá hecho algo mal, vinculado a prácticas como tomar anticonceptivos o haber esperado tanto para decidir tener un hijo.

Al problema lo vive con mayor pesar quien tiene la dificultad que impide la concepción, ya que puede suponer que por esta causa pueda recibir el rechazo de su pareja.

Mantero asegura que luego aparece el dolor y “el miedo a ser menos hombre o menos mujer por no poder concebir, miedo a que la pareja nos deje, no ser suficiente para el otro en el caso de quien tiene el problema”. Por eso destacó que es importante tener clara la diferencia entre lo racional y lo emocional.

“Es muy difícil hablar y manifestar las emociones,  uno se cierra; además hay conversaciones monotemáticas sobre los hijos (...) no podés compartir la charla ni  compartir esa felicidad, es una doble sensación”, relató.

Luego llega el duelo por la maternidad genética, que da angustia e incertidumbre. Por todo esto dijo que este proceso y sus emociones son algo que hay que trabajar mucho en pareja e individualmente.

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