Mendoza se quedó en el tiempo en materia electoral. En estos 30 años de democracia poco ha cambiado el sistema de selección de candidatos en nuestra provincia y municipios.
Mendoza se quedó en el tiempo en materia electoral. En estos 30 años de democracia poco ha cambiado el sistema de selección de candidatos en nuestra provincia y municipios.
La deuda de la dirigencia política crece día a día y el debate ya se torna impostergable. Es una deuda hacia la ciudadanía en general que con paciencia espera que nos demos cuenta a tiempo que se puede acabar la paciencia, como ocurrió en aquel negro y turbulento 2001.
La deuda también es con los propios partidos políticos, consagrados por nuestra Constitución Nacional como "instituciones fundamentales del sistema democrático", y con la militancia de los mismos. Los partidos languidecen como consecuencia de las prácticas aparatocráticas y clientelares. Y buena parte de la militancia se siente excluida de la participación como consecuencia de la burocratización de las estructuras partidarias. Pasa en mi partido y en otros partidos, por desgracia.
La lógica del internismo nos ha ido llevando progresivamente a la concepción de los partidos como instrumentos electoralistas. La formación de cuadros políticos, el debate sobre la realidad, la acción solidaria, la construcción programática, la promoción del recambio generacional y tantas otras tareas centrales para la consolidación de la democracia están ausentes o al menos desdibujadas en la agenda de los partidos.
Pero no todo está mal. Por suerte se va abriendo en Mendoza el debate de la cuestión electoral. La reforma electoral nacional de fines de 2009 y las modificaciones a las legislaciones electorales en varias provincias como consecuencia de la reforma nacional interpelan a la política mendocina.
Ya en dos ocasiones hemos participado en elecciones nacionales con el nuevo régimen electoral y crece la pregunta acerca de por qué en Mendoza no cambiamos. Sobre todo cuando se va percibiendo con mayor claridad que el sistema adoptado posibilita un mayor involucramiento y participación de la ciudadanía en la dinámica democrática y en la propia vida de los partidos políticos.
El gran salto dado por la legislación nacional tiene una finalidad explicita: "la democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral", nombre que recibe la ley 26.571 que modifica la Ley 23.298 Orgánica de los Partidos Políticos, consagra el sistema de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias y crea nuevas reglas para el financiamiento de las campañas electorales.
Quienes desde la ciencia política y el derecho electoral estudian la materia, afirman que no existe un sistema electoral perfecto, aunque sí hay sistemas electorales que son mejores en relación a otros. Lo mejor se mide por la capacidad del sistema para lograr calidad en la representación política y transparencia en los procesos de elección de los representantes del pueblo, a los que se confieren las máximas responsabilidades de gobierno mediante el ejercicio de la función ejecutiva y legislativa, y esperamos que algún día en alguna medida también ocurra con la judicial.
En Mendoza tenemos que animarnos a mejorar el sistema electoral. Tenemos hoy una referencia nacional clara de cuál es el camino para la mejora. El sistema electoral vigente en la provincia para los cargos públicos electivos provinciales y municipales, deja en manos de las tradicionales internas partidarias el eslabón fundamental en la selección de los candidatos, que luego serán puestos a consideración del pueblo en las elecciones generales.
Las prácticas "aparatocráticas" y clientelares se han generalizado en las internas partidarias: compra de votos con la consiguiente mercantilización de la relación de representación política, condicionamientos electorales hacia quienes trabajan en organismos públicos, evidentes ventajas de quienes cuentan con capacidad financiera para la movilización de votantes, acuerdos transversales de favores entre dirigentes de distintos partidos para llevar votantes "independientes" a internas de más de un partido -favores que serán devueltos oportunamente en la interna del contrincante o con puestos en las estructuras municipales o provinciales-, opacidad en el origen de los fondos con los que se financian las campañas y hasta la intervención de estructuras parapolíticas de convictos y ex convictos, son algunos de los perfiles que se consolidan preocupantemente en nuestro sistema político.
La capacidad de asombro va dando lugar a la aceptación distraída o complaciente de estas reglas de juego, que poco o nada tienen que ver con la democracia.
El festejo de los ganadores de estas internas partidarias refleja triunfos "a lo Pirro", que a menudo vienen acompañados de grandes derrotas en las elecciones generales. Ganar la interna y perder la general se ha convertido en el lucrativo negocio político de algunos dirigentes de diversas expresiones partidarias.
Somos cada día más los que propiciamos abiertamente la discusión de una profunda reforma electoral en la provincia. Creemos que las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, las modificaciones al régimen de partidos políticos, y a las normas sobre financiamiento de las campañas, permitirán mayor transparencia electoral y fortalecerán el rol de los partidos, otorgando mayor vitalidad a nuestra joven y dinámica democracia.
No estaría nada mal que le ofrendemos un especial y rejuvenecedor presente para el festejo de sus 30 jóvenes años. La Legislatura provincial, si se pone manos a la obra, podría otorgarle a la democracia mendocina este necesario y anhelado regalo antes de su próximo cumpleaños, al que todos y todas estamos invitados el 10 de diciembre. Ojalá así sea.
Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.