Hace exactamente una semana, a horas de las elecciones legislativas, en esta columna comentábamos las derivaciones políticas que tendría la derrota del kirchnerismo que presagiaban las encuestas, y comenzábamos el último párrafo señalando de manera textual: "Hay otros acontecimientos que en los próximos días podrían alterar el clima de expectativas en el país y producir nuevos escenarios".
La derrota efectivamente se produjo y sólo 48 horas después el fallo de la Corte Suprema por la ley de Medios cambió el clima de expectativas y produjo un nuevo escenario.
Para muchos, la decisión del tribunal no fue una sorpresa. No lo fue para Cristina Fernández y sus más íntimos colaboradores, ni para quienes conocían los contactos y el tono de las conversaciones que venían produciéndose entre la propia Presidenta, el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini y cuatro jueces de la Corte, encabezados por su titular Ricardo Lorenzetti.
Hubo hasta una comida en Olivos que Lorenzetti posteriormente admitió ante sus allegados, aunque le restó importancia diciendo que la Presidenta sólo pedía que el fallo se diera a conocer con rapidez.
Nada dijo de las fuertes presiones que recibió para redactar su voto con un criterio diferente del que sostenía hasta no hace mucho tiempo. Lo mismo ocurrió con Enrique Petracchi.
Las tensiones
Días antes del acuerdo del pasado martes, ya había habido agitación en los despachos de la Corte. Empleados del tribunal comentaron que estuvo a punto de fracasar el fallo que suspendió la re-reelección del gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, por falta de firmas de algunos jueces ausentes pero también por los temores a cómo reaccionaría el gobierno.
Esa decisión estaba firmada por Carlos Fayt, Juan Carlos Maqueda y Enrique Petracchi, y recién a último momento y tras muchas dudas, Lorenzetti estampó su rúbrica para completar la mayoría necesaria.
Con todos estos episodios recientes, aquel clima de armonía, cordialidad, consensos buscados y logrados que caracterizaba el trabajo de los miembros de esta Corte, ya no es el mismo. Lo advierte hasta el personal menos informado que transita diariamente el cuarto piso del Palacio de Justicia. En este contexto, ¿el tribunal está en condiciones de hacer cumplir el fallo sobre la ley de medios?
El grupo Clarín ha manifestado de inmediato su acatamiento, aunque reservándose todos los derechos de defensa si hay arbitrariedades en el proceso de su adecuación a la norma. El Gobierno, en cambio, no parece dispuesto a modificar el criterio político de la autoridad de aplicación por uno técnico, tal cual lo consigna el fallo.
Están pendientes, además, otros varios casos en los que la Casa Rosada ha desoído decisiones de la Corte. Todo indica que lo relacionado con esta cuestión seguirá ocupando lugares de importancia por largo tiempo en la escena política, donde también suceden otras cosas.
La ausencia de la Presidenta y la falta de información sobre su verdadero estado de salud, son un fuerte condicionante para cualquier previsión razonable. ¿Habrá tomado nota del mensaje que la amplia mayoría de los argentinos transmitió desde las urnas? ¿Será capaz de reconocer con humildad los errores a los que induce la soberbia? ¿Volverá retemplada para afrontar los dos difíciles años finales de su ciclo? Son sólo unos pocos interrogantes, de cuyas respuestas depende si el proceso político transitará por cauces más o menos normales hasta 2015.
Los compañeros
Las elecciones legislativas dejaron ganadores, perdedores y caminos abiertos hacia la sucesión presidencial. El amplio triunfo de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires impactó fuerte en el panorama político, pero mucho más en el interior del peronismo.
Los gobernadores obedientes del poder central, reunidos en San Juan, debieron utilizar un lenguaje diferente al habitual. Los caudillos territoriales evalúan de otra manera el futuro y no son pocos los que preparan un pronto desembarco en las filas de la nueva estrella.
Sin embargo, quienes conocen en profundidad los catecismos no escritos con los que históricamente comulgan los peronistas, advierten dos riesgos a los que está expuesto Massa si quiere forjar un liderazgo sólido.
Sostienen que no deberá excederse en la amplitud de su convocatoria, porque si incorpora fuerzas ideológicamente contradictorias desdibujará la identidad peronista. El otro riesgo es hacer de su proyecto una cuestión generacional. Recuerdan en este caso aquello que repetía Perón a sus jóvenes seguidores: "En un movimiento político no se puede tirar a los viejos por la ventana".
Precavidos, los caciques del PJ siguen apuntando como alternativa al estoico Daniel Scioli, a quien visualizan como una síntesis menos abrupta del viejo y del nuevo peronismo.