31 de mayo de 2013 - 23:17

¿La Presidenta busca un choque frontal?

Durísima esta semana estuvo la presidenta Cristina Fernández con Daniel Scioli, como si lo impulsara a la ruptura. O como si buscara, por este y otros medios, autovictimizarse.

En uno de los más reveladores discursos de los últimos tiempos, Cristina Fernández se quejó el jueves pasado porque desde su propio espacio no se la protege como ella querría.
 
"A mí no me defienden algunos dirigentes que, cuando dicen las cosas que dicen de mí o de mi compañero, miran para otro lado", sostuvo la Presidenta, y advirtió: "Cuídense mucho de esos a los que parece ser que nada les toca ni nada les llega o que todo está bien".

Aunque no hizo nombres, la referencia no podría ser para otro que no fuera Daniel Scioli, el gobernador de Buenos Aires, quien era enfocado de manera insistente por la televisión oficial, mientras seguía impávido la exposición. Las palabras de Cristina fueron rápidamente interpretadas adentro y afuera del Gobierno, y dibujaron a la vez un nuevo mapa de los intrincados caminos que conducen a las elecciones primarias de agosto, las PASO, como decisiva etapa previa de las legislativas de octubre.

Ese discurso no sólo aportó valiosos datos políticos para presumir decisiones o negociaciones abiertas. También mostró que el enorme poder acumulado y la gigantesca inversión realizada para construir el aparato mediático oficial, no le están sirviendo para limpiar las manchas que las firmes sospechas de corrupción producen sobre los diez años de kirchnerismo en el gobierno.

El mutismo

La Presidenta pidió a los demás lo que ella misma no hace. De su silencio se han contagiado las estructuras inferiores del poder y son escasos los funcionarios o dirigentes que han salido abiertamente a poner las manos en el fuego por ella o por su fallecido esposo.
 
¿Tienen dudas? Si así fuera, estaríamos frente a un claro signo de debilidad, y es eso quizás lo que tiene cada vez más alterada a Cristina.

Una respuesta firme, convincente, creíble de su parte, desmintiendo las acusaciones, arrastraría el fervor defensivo de sus seguidores.
 
Pero no lo hace, siembra el desconcierto entre los suyos y deja en evidencia que los medios dependientes, que hoy son el 80 por ciento del total, no han sido efectivos para crear audiencias. A esos medios se los ve, se los escucha y se los lee poco, y se les cree menos.

El entramado político-electoral se va haciendo cada vez más complicado para el oficialismo porque, le guste o no, Cristina debe pagar algunas facturas como lo acaba de hacer con Agustín Rossi.
 
Lo sacó de lo que sería una nueva y más grave derrota en Santa Fe y lo hizo ministro de Defensa, en agradecimiento por tantos proyectos defendidos en la Cámara de Diputados. Los otros cambios en el gabinete, que involucran a Arturo Puricelli -que pasa a Seguridad- y a Nilda Garré -que iría como embajadora a la OEA-, no tienen profundidad política, salvo la de preguntarse si el retiro de Garré implica un distanciamiento con el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), cuyo mentor es el periodista oficialista Horacio Verbitsky. 

Lo que sí adquiere trascendencia es la fuerte reprimenda a Scioli. ¿Cristina lo está expulsando para que deje las filas kirchneristas? En cualquier análisis sensato eso equivaldría a un suicidio político.
 
A Scioli lo esperan con los brazos abiertos en el peronismo disidente, porque se supone que con él subido al mismo colectivo ese sector conseguiría un triunfo holgado en el distrito, sepultando cualquier posibilidad de reforma constitucional que habilite a la re-reelección.

Además, Scioli tendría asegurada desde ya la posibilidad de una candidatura presidencial. Uno de los laderos más cercanos del gobernador bonaerense no se cansa de decir, por ahora en voz baja, que "Daniel está decidido a todo para ser presidente". En el sciolismo, este fin de semana sería de profunda reflexión.

Sus señorías

El otro frente con nubarrones cada vez más oscuros en el cielo cristinista es el de la batalla que libra la Presidenta con la reforma judicial. Ya son al menos tres los jueces que se han pronunciado en contra de la eliminación de las cautelares que involucran al Estado o de la elección popular para el Consejo de la Magistratura.
 
Y se espera que para mitad de semana la propia Corte Suprema dé una nueva señal. Podría, por ejemplo, hacer lugar al per saltum para abocarse en forma directa al análisis de la constitucionalidad de esas leyes.

Si se produce una ruptura con Scioli y la Corte falla en contra de la reforma judicial, Cristina tendrá argumentos fuertes para victimizarse. Dirá que es una conspiración destituyente, aunque ella misma la haya buscado con el conocido recurso de agudizar las contradicciones.

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