29 de noviembre de 2013 - 23:45

Precios bajos, altos costos y pérdida de mercados

El autor hace un balance del año y asegura que la vitivinicultura está en crisis. Sostiene que debe reverse lo realizado por los privados y el Estado.

El 2013 ha sido un año duro para la industria, que ha sufrido uno de sus peores momentos, con bajos precios, altos costos, pérdidas de mercados y junto a la falta de competitividad, una peligrosa pérdida de rentabilidad.

En el mercado interno seguimos en problemas. A un mes de terminar el año no se ha recuperado el precio del mercado de traslado, al contrario, y los costos siguen creciendo, razón por la cual las condiciones para enfrentar la próxima cosecha no son auspiciosas.

Los aumentos de costos no encuentran correlación con los precios y cada día hay que enfrentar el pago de mayores cargas fiscales, previsionales, laborales, tasas y servicios, al que, al no poder hacerlo en tiempo y forma, se agrega el tener que enfrentar el pago de intereses.

En este punto, queda al descubierto otro flagelo: la necesidad que tiene el Estado (nacional, provincial y municipal) de captar cada vez más recursos, los que no son eficientemente asignados.

Pero parece que toda esta problemática no la sufren las empresas o productores que están asociados a otras entidades, cuyos dirigentes dicen que estamos mejor que en años anteriores.

Para compensar mayores costos, la solución no es vender más caro en segmentos más altos. Quien pueda hacerlo que lo haga, pero la vitivinicultura real es otra cosa.

Rechazo de plano la idea de colocar a los vinos argentinos sólo en segmentos medios y altos, porque eso es pensar en una vitivinicultura pequeña y elitista ignorando que el 85% del mercado argentino de vinos se ubica en precios bajos. Allí están los ingresos del sector.

Quienes así opinan son los que, por ejemplo, les sirve el mensaje de la actual comunicación del vino defendiendo una campaña genérica que ha dado claras muestras que no nos sirve al conjunto y sí para algún pequeño sector que de este modo se ve beneficiado por el aporte de toda la vitivinicultura, y en algunos casos son los mismos que frente a los graves problemas que tenemos guardan un silencio bastante parecido a la complicidad, o bien lo hacen para no poner en peligro algunos subsidios.

Mercado externo

Las estadísticas de los primeros nueve meses del año registran caídas en todos los productos, fraccionados y graneles; esto se debe a la pérdida de competitividad, que se hace más evidente en segmentos de bajos precios, donde precisamente están los volúmenes.

No obstante ello, Argentina, al tener por naturaleza la posibilidad de desarrollar productos en cualquier segmento de precios, junto a un trabajo constante de posicionamiento de su imagen ha logrado ganarse un lugar en el mundo. Incluso podemos pensar en una especialización estratégica para la comercialización de graneles. Pero todo esto queda invalidado si falta competitividad.

Y también pongamos en su lugar la importancia de las exportaciones de vino cuyo precio promedio por litro no llega a los tres dólares y en volumen alcanza los 320 millones de litros en comparación con un mercado interno de 1.100 millones de litros. Por supuesto que hay que trabajar en ambos frentes fijando prioridades y poner especial énfasis en fortalecer el sector de la producción.

En cuanto al mosto, tendremos que revisar integralmente el esquema para que Argentina siga teniendo el liderazgo en el mercado externo, pero nunca a costa del productor ni de los exportadores.

Es imprescindible diseñar políticas coherentes desde lo público. A nivel provincial debemos revisar el acuerdo Mendoza-San Juan, para no seguir cometiendo errores que impactan en el bolsillo del productor, como viene ocurriendo últimamente.

A nivel nacional se impone como urgente tomar medidas contra la inflación y realizar una profunda reforma impositiva y correlativamente revisar el gasto público en todas sus formas. A corto plazo, eliminar los derechos de exportación, reducir las contribuciones patronales, acelerar la devolución de IVA por exportación y la posibilidad de poder compensar aportes y contribuciones previsionales con otros impuestos recaudados por la AFIP.

Los gobiernos deben escuchar los reclamos y actuar en consecuencia. Los resultados de hacer lo contrario están a la vista.

Desde el sector privado debemos barajar y dar de nuevo en muchas cosas. Por ejemplo, desde lo institucional deberemos revisar el destino estratégico de los aportes a Coviar; ya hemos dado un primer paso, que es desarrollar un trabajo de monitoreo que permita precisar los objetivos estratégicos evaluando los resultados obtenidos hasta ahora, caso del consumo interno de vinos o bien cómo contrarrestar la fuerte concentración de la actividad.

En otro plano y no menos importante es el rol de la política partidista dentro de las entidades privadas, que son las que han sido los motores de instituciones superiores, desarrollando espacios "públicos no estatales" para determinados objetivos, los que hoy se ven amenazados por la pretensión de algunos funcionarios de designar hasta las propias autoridades de dichas instituciones.

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