26 de octubre de 2013 - 22:09

Postales del futuro más temido del kirchnerismo

La convalecencia de la Presidenta obliga al kirchnerismo a ensayar todos los días una versión amarga de lo que puede ser el futuro de la fuerza política que domina el país desde hace 10 años.

Sin la voz de mando que unifica y ordena, los gestores del poder desnudan su desconcierto, se celan entre sí, navegan en una anarquía tranquila, atenuada por el miedo a salirse del camino que marca la inercia.

Pasan cosas nuevas: el ministro Florencio Randazzo dice que él decidió la estatización total del tren Sarmiento después del enésimo choque con decenas de heridos. “La Presidenta no está anoticiada del accidente”, anunció. ¿Pero, cómo, no era que Cristina “toma todas las decisiones”, como dijo el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina?

Habrá que pensar que tampoco le informaron a la Presidenta que el dólar blue ya vale 10 pesos. ¿Asustará tanto la voz de Guillermo Moreno cuando reclama a los grandes empresarios que compren bonos del blanqueo para frenar la huida de reservas? ¿O confiarán en que Ricardo Echegaray dice la verdad cuando promete medidas económicas para alivianar la presión sobre las divisas después de las elecciones?

Entre inversores y políticos europeos se miran con incertidumbre los gestos de apertura a los mercados, como las promesas de arreglar la deuda con los fondos buitre y el acuerdo para pagar los juicios en el Ciadi. “¿Lo decidió la Presidenta o son jugadas de un sector del Gobierno que luego podrán revertirse?”, se pregunta en Madrid un funcionario que sigue la deriva argentina.

La falta de brújula se sintió en el papelón de Juan Cabandié. Hubo intentos frustrados por cortar cabezas en la Gendarmería por la difusión del video del escándalo. Y la línea discursiva enredó a medio oficialismo. Unos reclamaban una disculpa sincera y otros denunciaban una operación de prensa. Demasiados relatos. A Cabandié lo sacaron de la campaña unos días para hacerlo reaparecer en un acto con Amado Boudou, el “vicepresidente en ejercicio del Poder Ejecutivo”. ¿Premio o castigo?

Boudou refleja todas las inseguridades del kirchnerismo. Llegó a admitir que nadie en el Gobierno conoce en detalle el estado de salud de la Presidenta. Para aligerar su interinato, le organizaron una agenda de actos intrascendentes, que al menos sirven para rellenar con sus fotos la Web de la Casa Rosada, que maneja su protector, Abal Medina, mientras el supersecretario Carlos Zannini se encarga de dejar en evidencia la pequeñez del vice.

El barullo resultó dramático para los que debieron pelear en esas condiciones una campaña cuesta arriba. Daniel Scioli hizo movimientos audaces. Por ejemplo, cuando blanqueó el fracaso de la política antiinflacionaria del Gobierno. Martín Insaurralde acudió a Scioli cuando se descubrió solo en la batalla contra Sergio Massa.

A falta de grandes promesas o invocaciones épicas, el candidato terminó la campaña como la empezó: con una producción fotográfica. En vez del afiche con su saludo “robado” al Papa, ahora apeló a mostrarse a los besos con una vedette.

El kirchnerismo ruega que Cristina reasuma pronto. Y que el problema vuelva en 2015, ese futuro tan temido para un proyecto de poder que no cree en herederos ni en números dos

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