Christopher Austin, biólogo de la Universidad del Estado de Luisiana y explorador de la National Geographic, se interesó por primera vez en estos raros estincos cuando era estudiante de posgrado, al leer un documento de investigación de 1969 publicado en la revista Science sobre un extraño grupo de lagartos con sangre verde.
"Inmediatamente atrapó mi atención. Noté que desde entonces realmente nadie había trabajado con estos lagartos para descifrar los porqués de la sangre verde", dice Austin, quien estudió lagartos para su doctorado en la Universidad de Texas, en Austin.
¿Por qué tan verde?
Los estincos se encuentran casi exclusivamente en la isla de Papúa Nueva Guinea, uno de los puntos candentes de biodiversidad del mundo (también se puede encontrar una especie en las islas Salomón).
Cuando Austin empezó a estudiar los animales en Papúa Nueva Guinea notó que tienen "increíblemente altas concentraciones del pigmento biliar biliverdina", señala.
En muchas especies, incluyendo los humanos, el oxígeno de la sangre es transportado por la hemoglobina, que da a la sangre su tono rojo. Cuando la hemoglobina empieza a descomponerse, es transportada al hígado, donde se divide en moléculas como la bilirrubina y la biliverdina.
Estos componentes pigmentados son excretados con la bilis hacia los intestinos. La biliverdina tiene un color verde (puede ver el pigmento en las áreas verdosas que rodean un moretón que va sanando), y niveles muy altos de biliverdina en la sangre de estos estincos es lo que le da su raro tono.
La tintura verde tampoco se limita a su sangre. "La sangre es verde, los huesos son verdes, los tejidos son verdes; hasta su lengua es verde", indica Austin.
No se sabe de ningún otro vertebrado con sangre verde.
Sigue el misterio
El misterio que perdura, señala Austin, es que la biliverdina es extremadamente tóxica. Si los humanos tienen una cantidad aunque sea diminuta de biliverdina o bilirrubina en la sangre, decimos que tienen ictericia (su piel toma un color amarillento).
Generalmente esto sólo ocurre en personas con daños en el hígado o en recién nacidos cuyos hígados todavía no han comenzado a descomponer hemoglobina vieja. Pero si el exceso de bilirrubina o biliverdina en el torrente sanguíneo no es tratado, puede ser mortal.
"Es sorprendente porque con estas concentraciones de pigmentos biliares en la sangre, (los estincos) deberían estar completamente ictéricos, si no es que muertos", dice Austin.
La hipótesis de Austin es que la lagartija evolucionó para tolerar la biliverdina porque podría darle protección contra un grupo de parásitos llamados Plasmodium.
Más conocidos por provocar la malaria en humanos, los Plasmodium también causan malaria en reptiles y en aves. Austin cree que la presencia de biliverdina tóxica en lugar de hemoglobina puede dificultar que los Plasmodium infecten los estincos.
Para responder esta pregunta, Austin actualmente está secuenciando genomas de estincos Prasinohaema y comparándolos con los de lagartijas estrechamente emparentadas que tienen sangre roja para identificar cualquier cambio genético que pudiera proveer resistencia a los Plasmodium.
