7 de octubre de 2019 - 00:00

Por una política exterior nacional - Por Rosanna Surballe

Nunca estuvo más presente en nuestra realidad cotidiana el principio de la naturaleza en constante cambio. Transitamos un mundo altamente volátil y en plena reconfiguración donde los acontecimientos internos y externos se retroalimentan influyendo e impactando cada vez más en la vida cotidiana de los ciudadanos. Es una etapa caracterizada por intensas confrontaciones geopolíticas, de mayor crispación, de debilitamiento de los regímenes internacionales conocidos, en pocas palabras: un mundo plagado de incertidumbres.

Se trata de estar conscientes de lo que presenta una realidad que cambia constantemente, en un ejercicio profundo que implica liberarse de falsas creencias para proponer soluciones creativas ante nuevas realidades emergentes.

Todo diseño de política exterior debe tener presente en simultáneo dos movimientos: lo tangible, lo urgente y los principios y valores. Una diplomacia desconectada con los problemas fundamentales de los ciudadanos sería dañina y nada deseable. De allí que entre los principales objetivos, Argentina debe enfocarse en promover exportaciones -especialmente de productos con valor agregado-, lo que supone favorecer la internacionalización comercial y productiva de las empresas locales, con financiamiento e incentivos fiscales y acuerdos de cooperación e intercambio.

Paralelamente, la política exterior no podrá nunca perder de vista los intereses y valores constitutivos de nuestro país. Así, la defensa de la soberanía nacional, la promoción de estrechas relaciones con nuestros vecinos, la inviolabilidad del principio democrático y el Estado de derecho, la búsqueda de un desarrollo sostenible y la defensa de los esquemas multilaterales son algunos principios rectores de una política exterior argentina consistente.

El accionar en el ámbito internacional deberá estar guiado por el objetivo último de generar trabajo, crecimiento económico y desarrollo con inclusión social.  Para ello, Argentina deberá retomar los mejores elementos de la tradicional política exterior que se han ido construyendo en democracia.

• Buscar un relacionamiento equilibrado con todas las potencias, en función de una agenda centrada en el desarrollo y la creación de empleo.

• Apostar a la integración regional como pilar de nuestro desarrollo.

• Proveer al fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos.

• Garantizar la autonomía nacional en la toma de decisiones.

• Respetar el principio de no-intervención (neutralidad activa) y el arreglo pacífico de diferencias.

• Promover las economías regionales en el exterior. Las economías regionales han sido las grandes ausentes tanto en las estrategias de negociaciones como en las políticas de promoción de exportaciones e inversiones de los últimos años.

Es muy importante integrar a las provincias en los programas de promoción de exportaciones a través de un esquema institucionalizado que permita un trabajo conjunto permanente entre la fuente -los sectores productivos que integran esas economías regionales y los gobiernos provinciales y municipales- y la Cancillería como canal para llegar al mundo.

• Apuntalar el programa de desarrollo del país, abriendo nuevas oportunidades en regiones menos exploradas y que viven procesos de crecimiento relevantes: Asia y África.

• Fortalecer la vigorosa tradición multilateralista que ha dado mucho prestigio históricamente a nuestro país. En un momento donde se buscan nuevas respuestas a los desafíos del sistema multilateral, nuestro país está llamado a colaborar por ser un Estado considerado tradicionalmente comprometido con la paz y la seguridad internacionales, la no-proliferación nuclear, la defensa de los derechos humanos, de la democracia y el medioambiente.

• Fortalecer la agenda de intercambio científico y tecnológico con las potencias y el fomento de las inversiones, trabajando a nivel nacional y subnacional.

• Profundizar la cooperación a través de explorar sinergias y complementariedades productivas, ampliando los proyectos de cooperación con miras a diversificar las exportaciones argentinas.

• Proyectarse cultural y científicamente, a través de intercambios y proyectos comunes.

• Abordar una agenda de género hacia adentro y hacia afuera de nuestro país

Las relaciones diplomáticas no son relaciones personales, son relaciones entre Estados que defienden sus intereses y buscan espacios de intereses recíprocos para cooperar. La diplomacia no consiste en elegir bandos. La clave es defender el propio interés en forma equilibrada, pragmática y sin alineamientos automáticos. Se trata de buscar el intercambio y el beneficio mutuo con relaciones equilibradas y diversificadas haciendo foco en la región.

Es necesario superar el falaz debate entre “estar en estar mundo versus aislacionismo”. En el mundo siempre hemos estado y estaremos, de lo que se trata es de pensar cómo posicionarnos, cómo queremos estar y que ese estar sea en beneficio de los intereses de la Argentina y de nuestro pueblo. Desde luego, teniendo en cuenta los condicionamientos y desafíos que nuestra situación de país y el mundo complejo y altamente cambiante que transitamos nos presenta.

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