Introito
Introito
Hace 80 años, después de haber ocupado el segundo y tercer lugar en el mundo como país desarrollado (finales del siglo XIX), comenzamos a construir un monstruo macro económico, nuestro Estado actual y la decadencia.
Sobredimensionado y voraz necesita recursos tributarios ilimitados e ingresos que lo alimenten sin pausa, aunque siempre son insuficientes.
Gasta más de lo que recauda y la diferencia negativa debe cubrirla con emisión monetaria, préstamos y colocación de títulos, letras y bonos en los mercados primarios, cuyos tomadores son en general, grandes bancos locales e internacionales.
Ningún gobierno ha querido ni intentado achicar al Estado ni disminuir los impuestos que debería ser su consecuencia natural (léase mi trabajo “Bases para un plan económico a diez años” Los Andes 27/02/19).
Este monstruo es la causa primigenia de nuestra inflación que requiere de emisión.
La conclusión es obvia: para bajar la inflación hay que achicar al Estado y bajar el monto de los impuestos proporcionalmente.
Inflación
Es el alza generalizada de todos los precios de la economía.
Cuando el Estado gasta más de lo que recauda produce déficit fiscal que hay que monetizar con más impuestos, prestamos y emisión monetaria.
El Estado paga a sus acreedores y este exceso de moneda ingresa a plaza aumentando sideralmente la base monetaria y como la moneda es una mercancía, su exceso de oferta produce la baja de su precio, se devalúa y comienza la inflación.
Por qué no se achica al Estado
Porque para muchos, la inflación es un negocio.
Mientras más grande es el Estado, más demagogia hacen los gobernantes premiando a sus millones de electores con cargos públicos.
La corrupción y negociados aumentan con el exceso de dinero y burocracia y también el número de cómplices que con sus jefes se hacen cada vez más ricos y corruptos, contagiando a los que siguen como una epidemia.
Los cientos de procesos en Comodoro Py, imputados, procesados y detenidos, ex funcionarios y empresarios, que cada día aumentan en cantidades que ya no asombran, más otros antiguos que no están en los cuadernos (Menem por ejemplo), prueban lo expresado.
Diariamente leemos y escuchamos a políticos y candidatos dar sus recetas para bajar la inflación, atacando las consecuencias pero no sus causas, con un despliegue de “sabiduría” insoportable, más cuando en el poder fracasaron pero hoy son expertos maestros.
Nadie propone achicar al Estado y bajar los impuestos, eliminando la emisión sin respaldo y los préstamos inflacionarios.
Macri iba a bajar la inflación a un dígito y el déficit fiscal a cero, y después de tres años agrandó al Estado, el gasto público, los préstamos, la emisión y por tanto, la inflación resultó ingobernable.
Señor Presidente, no se equivoque, nunca atacó las causas de la inflación, y su equipo de asesores, el “mejor” durante décadas, no le señaló estas verdades de Perogrullo y recientemente lo aceptó.
¡Pero bajó el déficit fiscal! Esto es un sofisma inadmisible. Si no se achicó el Estado, el déficit bajó porque se cubrió el desnivel entre recursos y gastos con más recursos inflacionarios.
Si para este monstruoso Estado se necesitan $1.000 y se recaudan $700, el desnivel de $300 se cubre con más tributos y préstamos y así se pagan esos $300, pero no disminuye el tamaño del Estado ni la inflación.
Lo que se necesita es achicar el Estado hasta un gasto máximo de $700 eliminando así el déficit de $300 sin emisión, ni préstamos inflacionarios, ni más impuestos.
Los políticos y analistas proponen planes de desarrollo y crecimiento. Nada dicen de achicar el Estado y bajar impuestos.
Analicemos el contexto.
Nuestro país se encuentra hoy en una profunda estanflación (inflación más recesión).
Lo caótico de este estado es que cerrando empresas y negocios, despidiendo empleados, produciendo menos, casi paralizada la actividad económica, los precios siguen subiendo.
¿Por qué sí deberían bajar?
Porque el Estado sigue creciendo y gastando de más y por ende, siguen aumentando los precios por emisión sin respaldo, préstamos y colocación de títulos en los mercados, continuando la devaluación del peso y la inflación.
La pregunta surge clara: ¿cómo se crece y desarrolla en un país detenido por recesión y casi sin producción de bienes y servicios?
La causa persiste y aquí se aplica el apotegma einsteniano: no se puede obtener distintos resultados aplicando los mismos métodos.
El desarrollo y crecimiento solo son posibles creando las condiciones para achicar al Estado, disminuir los montos impositivos permitiendo que los ahorros se vuelquen, ahora sí, a la producción y a la salida exitosa de la recesión e inflación.
Pero este aumento de ahorro por el achicamiento del Estado y baja de impuestos, volcado al mercado ¿no es inflacionario? Nunca, porque se disminuye el gasto público, se reduce el déficit fiscal y los excedentes de la base monetaria se absorben por el Banco Central, que debe regular el circulante a la baja, aumentando los encajes bancarios entre otras medidas, sin emitir deuda por colocación de títulos. El dinero que invierten los empresarios no se orienta a la especulación financiera sino a la creación de riqueza, que no es inflacionaria.
En este 2019 Mauricio Macri tiene la posibilidad de programar un plan a largo plazo con efectos inmediatos que será ejecutado por cualquier gobierno que lo sustituya a partir del 2023, o desde 2019 si no es reelegido.