Las abejas desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas desde hace millones de años. Mucho antes del desarrollo de la agricultura, estos insectos ya polinizaban plantas con flores, favoreciendo la reproducción de innumerables especies vegetales y contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas terrestres. Sin embargo, resolver el misterio de su historia evolutiva siempre ha sido una tarea compleja.
Ahora, un descubrimiento realizado en Japón permite completar una de esas piezas perdidas. Un equipo internacional de investigadores describió una nueva especie fósil de abeja melífera que vivió entre hace 2,8 y 2,2 millones de años, durante el Plioceno tardío, una época marcada por importantes cambios climáticos que precedieron a las glaciaciones del Pleistoceno.
El estudio, publicado en la revista científica ZooKeys, incorpora una nueva especie al árbol evolutivo de las abejas y llena un vacío de casi dos millones de años en la historia del género Apis.
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Apis aibai, la nueva especie que conecta el pasado con las abejas actuales
La especie fue bautizada como Apis aibai y fue hallada en antiguos sedimentos lacustres de la prefectura de Hyogo, en el oeste de Japón.
Aunque a simple vista podría parecer una abeja similar a las actuales, su relevancia científica es extraordinaria. Se trata del fósil más reciente conocido de una especie extinguida de abeja melífera y, al mismo tiempo, del ejemplar más antiguo confirmado perteneciente al subgénero Apis, al que también pertenecen la abeja doméstica occidental (Apis mellifera) y otras especies vivas.
Un fósil excepcional conservado durante millones de años
El ejemplar apareció en el Grupo Teragi, una formación geológica compuesta por antiguos depósitos volcánicos y sedimentos acumulados en lagos.
Hace entre 2,8 y 2,2 millones de años, esta región presentaba un paisaje dominado por bosques templados y grandes cuerpos de agua. Las cenizas volcánicas favorecieron una conservación excepcional de numerosos organismos.
La abeja quedó atrapada en un sedimento rico en tobas volcánicas que, con el paso del tiempo, se transformó en roca. Gracias a ello, los investigadores pudieron analizar gran parte de su anatomía.
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Entre las estructuras conservadas destacan:
- Las alas casi completas.
- Buena parte del abdomen.
- Las patas posteriores.
- Una posible región correspondiente al aguijón.
Aunque la cabeza no se preservó completamente, el resto del cuerpo permitió identificar la especie con un alto grado de certeza.
El insecto medía aproximadamente un centímetro de longitud, un tamaño comparable al de muchas abejas actuales.
Las alas fueron la clave para identificar la especie
El estudio se centró especialmente en la estructura de las alas.
En los himenópteros, el patrón formado por las venas alares funciona como una especie de "huella dactilar", ya que presenta características únicas para cada grupo.
El análisis confirmó que el fósil pertenece al subgénero Apis y permitió diferenciarlo tanto de las especies actuales como de otras abejas fósiles conocidas.
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El fósil confirma las predicciones de los estudios genéticos
Uno de los aspectos más importantes del hallazgo es que coincide con lo que venían sugiriendo los análisis de ADN.
Durante los últimos años, diversos estudios genéticos habían estimado que el subgénero Apis surgió durante el Mioceno tardío. Sin embargo, esa hipótesis carecía de una evidencia fósil que la respaldara. Con Apis aibai, esa evidencia finalmente apareció.