2 de junio de 2026 - 09:52

Un estudio de psicología concluyó: los adultos mayores comparten una característica que protege su paz mental

Los adultos mayores sienten emociones negativas menos intensas sobre sus decisiones pasadas porque consideran que la vida es demasiado corta para gastarla en lamentos.

El arrepentimiento es una sensación extraña que nos acompaña desde la juventud hasta la vejez, pero no nos afecta a todos por igual. Un estudio reciente publicado en la revista Emotion analizó a 90 personas de entre 21 y 89 años para entender cómo cambia esta emoción con el paso del tiempo.

Los resultados rompen con varios mitos sobre la madurez. Mientras que los jóvenes tienden a arrepentirse de acciones concretas que realizaron, las personas mayores lamentan principalmente las oportunidades que dejaron pasar, aquello que nunca hicieron. Además, los mayores experimentan sentimientos como el enojo, la tristeza o la vergüenza de manera mucho menos intensa ante sus fallos.

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¿Por qué los adultos mayores sienten menos culpa por sus decisiones pasadas?

Mons Bendixen, profesor de psicología en la NTNU, sostiene que el arrepentimiento es un pensamiento contrafáctico: imaginamos que, si pudiéramos volver atrás, elegiríamos algo distinto para no atormentarnos hoy. Sin embargo, la ciencia sugiere que esta rumiación constante no es una actividad constructiva para modificar conductas futuras.

Para los mayores, la sabiduría práctica encaja con los hallazgos biológicos. Aceptan que tuvieron poco control sobre las situaciones pasadas y que el tiempo restante es demasiado valioso para desperdiciarlo en culpas, lo que les permite alcanzar una mayor paz mental.

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¿Hombres y mujeres se arrepienten de lo mismo? Las diferencias que encontró el estudio

El estudio también detectó brechas en las decisiones vinculares. Las mujeres suelen arrepentirse más de los encuentros casuales, mientras que los hombres lamentan haber dejado pasar oportunidades sexuales, algo que tiene una explicación evolutiva vinculada a la inversión reproductiva de nuestros antepasados.

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Si el arrepentimiento tiene alguna utilidad real, es puramente social: funciona como una señal hacia el entorno. Al mostrar que nos sentimos mal por un error, pedimos perdón y prometemos mejorar, lo que garantiza nuestra aceptación dentro del grupo. Fuera de ese contexto, arrepentirse suele ser un desgaste emocional innecesario que los años, afortunadamente, ayudan a mitigar.

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