23 de agosto de 2025 - 22:35

Tomar mate o café muy caliente puede aumentar el riesgo de cáncer, según advierten expertos

Tomar mate, café o té a más de 65°C puede dañar el esófago y facilitar el desarrollo de células cancerígenas, según un nuevo análisis.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), organismo dependiente de la OMS, clasificó en 2016 esta práctica como “probablemente cancerígena para los humanos”. El riesgo es especialmente alto en regiones donde se consumen bebidas muy calientes como el mate en Sudamérica o el té en Asia y África.

Un estudio a gran escala realizado en el Reino Unido, que siguió a cerca de 500.000 personas adultas, encontró que quienes tomaban más de ocho tazas diarias de infusiones muy calientes tenían hasta seis veces más probabilidades de desarrollar cáncer de esófago en comparación con quienes consumían bebidas a menor temperatura.

El daño está asociado a la exposición térmica repetida en la mucosa esofágica. El calor puede causar microlesiones, debilitar las barreras protectoras naturales del organismo y aumentar la vulnerabilidad a otras sustancias irritantes, como el reflujo ácido.

Beber mate
El cáncer de esófago presenta alta mortalidad y baja supervivencia, especialmente en países con fuerte consumo de infusiones calientes

El cáncer de esófago presenta alta mortalidad y baja supervivencia, especialmente en países con fuerte consumo de infusiones calientes

Riesgo, prevención y hábitos a modificar

La OMS estima que cada año se diagnostican más de 600.000 casos nuevos de esta enfermedad, con más de 540.000 muertes. La tasa de supervivencia a cinco años es baja, en parte porque suele detectarse en etapas avanzadas.

Otros factores que incrementan el riesgo son el tabaquismo, el alcohol, la obesidad, el reflujo crónico y los antecedentes familiares. La mayoría de los casos ocurre en personas mayores de 60 años.

Expertos recomiendan esperar al menos cinco minutos después de hervir el agua antes de consumir cualquier infusión, incorporar agua fría o leche y evitar los grandes sorbos de forma constante. Cambiar este hábito puede ayudar a reducir una amenaza que, muchas veces, pasa inadvertida.

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