La tarta de acelga es una receta clásica que nunca falla, pero conseguir que el relleno quede sabroso y, sobre todo, cremoso puede ser todo un desafío. Esta versión incorpora algunos trucos sencillos para evitar que resulte aguada o insulsa.
Una versión de la tradicional receta de pascualina con un relleno súper cremoso, mucho queso y huevo duro.
La tarta de acelga es una receta clásica que nunca falla, pero conseguir que el relleno quede sabroso y, sobre todo, cremoso puede ser todo un desafío. Esta versión incorpora algunos trucos sencillos para evitar que resulte aguada o insulsa.
La combinación de acelga, cebolla, ajo, queso crema, mostaza y distintos quesos consigue un relleno intenso y cremoso. Además, el huevo duro en el interior le da el toque tradicional de la pascualina.
Colocá los huevos en una olla con agua y llevalos a hervor durante unos 8 minutos. Un truco para evitar que la cáscara se quiebre durante la cocción es agregar un chorrito de vinagre al agua.
El vinagre no modifica el sabor del huevo porque la cáscara lo protege.
Picá la cebolla en trozos pequeños y hacé lo mismo con los dientes de ajo. Es recomendable retirar el centro del ajo para evitar que aporte un sabor amargo.
Para preparar la acelga, separá las hojas de las pencas. No hace falta descartarlas: pueden utilizarse en otras preparaciones. Apilá las hojas de a dos, enrollalas y cortalas en tiras finas.
Calentá un poco de aceite en una olla y rehogá la cebolla junto con el ajo. Agregá una pizca de sal para ayudar a que la cebolla libere líquido mientras se cocina.
Si querés darle un sabor más intenso, también podés incorporar unos trocitos de panceta y dorarlos junto con la cebolla.
Cuando la cebolla esté transparente, agregá una cucharada de harina y cociná durante aproximadamente un minuto, revolviendo constantemente. La harina debe tostarse ligeramente para evitar que quede con sabor crudo.
Sumá la acelga cortada y mezclá de abajo hacia arriba para integrar todos los ingredientes. Cocinala durante unos minutos, hasta que reduzca considerablemente su volumen.
Incorporá los quesos cortados en pequeños trozos. Podés utilizar distintas variedades, siempre que sean quesos suaves y que se derritan bien.
Pintá la superficie con huevo batido y llevá la tarta a un horno precalentado a 200 °C durante aproximadamente 20 minutos.
El tiempo puede variar según el horno, así que el mejor indicador es el aspecto de la masa: cuando esté dorada y crocante, la tarta estará lista.
El resultado es una pascualina con una masa dorada, un relleno cremoso y sabroso y el clásico huevo duro en su interior, ideal para una comida casera, económica y rendidora.