4 de septiembre de 2026 - 20:00

Se enteró que el agua de su localidad estaba contaminada de microplásticos y a sus 18 años patentó un filtro eficiente y duradero

Mia Heller, una joven de Virginia, desarrolló un innovador sistema de filtración de agua que utiliza ferrofluido magnético para capturar microplásticos.

Cuando tenía 16 años, Mia Heller leyó en el diario local de Warrenton, Virginia, que el agua de su comunidad presentaba contaminación por PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) y microplásticos. El informe también señalaba que los organismos públicos no financiarían sistemas de filtración para los hogares.

Qué son los microplásticos y cómo pueden afectar nuestra salud

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Ante esa situación, la familia de Heller instaló un costoso sistema de purificación de agua. Sin embargo, la adolescente observó que su madre debía reemplazar constantemente las membranas filtrantes, un proceso caro y laborioso.

Fue entonces cuando decidió buscar una alternativa.

“Me inspiró diseñar un filtro sin el uso de membranas para disminuir los costos y las necesidades de mantenimiento asociadas con la filtración de agua”, explicó la estudiante, hoy de 18 años.

Qué son los microplásticos y por qué preocupan

Los microplásticos son partículas de plástico de entre 1 nanómetro y 5 milímetros de tamaño. Debido a su reducido tamaño, pueden dispersarse fácilmente por ríos, océanos, alimentos y agua potable.

Diversas investigaciones han detectado estas partículas en más de 1.300 especies, incluidos los seres humanos. También se han encontrado en órganos y tejidos como el cerebro, los huesos, la placenta, el semen y los testículos.

Según el toxicólogo Matthew J. Campen, de la Universidad de Nuevo México, la presencia de micro y nanoplásticos en el organismo es un fenómeno cada vez más frecuente, aunque todavía no existe evidencia concluyente sobre el alcance de sus efectos en la salud.

Un prototipo que funciona sin membranas

Durante la primavera de 2024, Heller concibió la idea de su sistema de filtración y comenzó a desarrollarlo seriamente en el verano de 2025. Tras meses de experimentos realizados en su cocina y su garaje, logró construir un prototipo funcional.

El dispositivo consiste en un recipiente que alberga un mecanismo denominado por ella como un “vial giratorio ampliado”, capaz de separar los microplásticos del agua sin recurrir a las membranas convencionales.

La clave del invento está en el uso de un ferrofluido, un líquido magnético reutilizable que se adhiere selectivamente a las partículas plásticas mientras el agua circula por el sistema.

Con simples pasos y elementos se puede eliminar el problema de raíz y cuidar un recurso tan valioso como el agua.

Con simples pasos y elementos se puede eliminar el problema de raíz y cuidar un recurso tan valioso como el agua.

Cómo funciona el ferrofluido magnético

El proceso desarrollado por Heller se basa en dos etapas principales:

  • El ferrofluido entra en contacto con el agua y captura las partículas de microplástico.

  • Un sistema de separación magnética retira el ferrofluido junto con los contaminantes, permitiendo recuperar el líquido para reutilizarlo.

Su primer modelo demostró que era capaz de eliminar microplásticos, pero todavía requería mantenimiento frecuente porque el ferrofluido no se reciclaba automáticamente.

El desafío: crear un filtro que se limpie solo

Después del éxito inicial, Heller centró su investigación en desarrollar un sistema autorreutilizable. El principal obstáculo consistía en lograr que el ferrofluido, más denso que el agua, pudiera desplazarse entre distintas cámaras del dispositivo sin bloquear el flujo.

Además, debía integrar en un único mecanismo tres procesos simultáneos: el movimiento del ferrofluido, la separación magnética y la recuperación del líquido para volver a utilizarlo.

Su objetivo es reducir al mínimo el mantenimiento y ofrecer una tecnología de filtración más accesible y duradera para comunidades afectadas por la contaminación del agua.

Una preocupación global en crecimiento

El proyecto de Heller surge en un contexto en el que la producción mundial de plástico continúa aumentando y la exposición humana a los microplásticos se ha multiplicado en las últimas décadas.

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