Un experimento científico de diecisiete años en el norte de Ontario, Canadá, consistió en verter deliberadamente ácido sulfúrico en un lago para estudiar la lluvia ácida. Aunque la química del agua regresó a la normalidad hace décadas, la fauna acuática todavía sufre las secuelas de aquella contaminación inducida.
Entre 1976 y 1993, los investigadores del Instituto de Desarrollo Sostenible vertieron semanalmente ácido sulfúrico en el llamado Lago 223, que forma parte de una reserva científica de 58 lagos en Ontario. El pH descendió de 6,8 a 5,2 con el fin de imitar el impacto de las lluvias ácidas provocadas por la quema de combustibles fósiles, un grave problema que afectaba a Europa y América del Norte en los años setenta.
¿Cómo afectó el ácido sulfúrico a la cadena alimentaria del lago?
Aunque los científicos sospechaban que las emisiones industriales dañaban a los peces, el experimento demostró cómo la acidificación altera redes tróficas completas. Durante este proceso, se observó una pérdida del éxito reproductivo en varias especies, provocando la desaparición casi total del pez boitean de cabeza grande y una reducción severa de las truchas. Al suspenderse el vertido de ácido, la composición química del agua retornó a niveles normales rápidamente, pero el ecosistema biológico no se recuperó al mismo ritmo.
La razón detrás de esta prolongada crisis biológica es la interrupción de la red alimentaria inferior. El invertebrado Mysis diluviana, un pequeño camarón de agua dulce esencial para la dieta de las truchas, desapareció durante la acidificación. Sin este alimento, las truchas no solo redujeron su población a menos de la mitad de su nivel original, sino que comenzaron a crecer de forma considerablemente más lenta.
¿Es posible recuperar a las truchas del Lago 223?
Para investigar si un ecosistema dañado puede restaurarse activamente, los científicos comenzaron a reintroducir ejemplares de Mysis diluviana en el año 2019. Los estudios confirmaron que para el 2021 una nueva población se había establecido con éxito en el lago. Los investigadores monitorean ahora el impacto de esta reintroducción, evaluando si el retorno del camarón normalizará el crecimiento, la supervivencia y los niveles de mercurio presentes en las truchas de lago.
Este histórico ensayo demuestra que erradicar el agente contaminante es insuficiente para sanar la naturaleza de forma inmediata. Las perturbaciones en las redes tróficas y las complejas interacciones biológicas entre especies pueden persistir durante décadas.