Si tenés toallas viejas que ya no usás pero no querés tirarlas, te traemos una excelente idea para darles una nueva vida: convertirlas en almohadones decorativos.
Si tenés toallas viejas que ya no usás pero no querés tirarlas, te traemos una excelente idea para darles una nueva vida: convertirlas en almohadones decorativos.
Este proyecto de reciclaje no solo te permitirá ahorrar dinero en nuevos textiles, sino que también es una opción ecológica para aprovechar esos materiales que parecen haber llegado al final de su ciclo de uso.
Además, el proceso es sencillo y no requiere grandes habilidades de costura. Con unos pocos pasos, vas a tener unos almohadones suaves, originales y sostenibles para tu hogar.

Antes de comenzar, seleccioná las toallas que quieras reciclar. Podés combinarlas si tienen colores y texturas distintas para darle un toque más divertido y único a tus almohadones. Asegurate de que las toallas estén limpias y en buen estado, sin roturas importantes.
Decidí el tamaño de tus almohadones. Un tamaño estándar es de 40x40 cm, pero podés ajustarlo según el espacio donde lo vayas a usar. Marcá las medidas en las toallas con una cinta métrica o regla, y cortá dos piezas iguales para cada almohadón. Si las toallas tienen bordes deshilachados, cortalos para que el acabado final sea prolijo.
Colocá las dos piezas de toalla una sobre la otra, con los lados “derechos” hacia adentro. Aseguralas con alfileres para que no se muevan mientras cosés. Podés hacer este paso a mano con hilo y aguja, o usar una máquina de coser si querés ahorrar tiempo. Dejá un lado sin coser para poder rellenar el almohadón más adelante.

Una vez que hayas cosido casi todo el contorno, volvé la tela del revés (de manera que el lado derecho quede ahora visible). A través del lado que dejaste abierto, introducí el relleno hasta que el almohadón quede con la consistencia que más te guste. Si no tenés relleno nuevo, podés reutilizar el de almohadones viejos.
Si decidiste incluir un cierre, este es el momento de coserlo en la apertura. De lo contrario, podés simplemente coser el lado que quedó abierto con puntadas pequeñas y prolijas. Si lo hacés a mano, asegurate de tensar bien el hilo para que el almohadón quede bien cerrado y el relleno no se salga.