Las personas nacidas entre 1945 y 1965 poseen habilidades emocionales superiores a las generaciones digitales actuales. Criadas en un entorno de incertidumbre socioeconómica y procesos lentos, desarrollaron una resiliencia mental y una capacidad de regulación emocional que les permite enfrentar crisis con menor pánico y una mayor resistencia a la ansiedad.
Esta ventaja no es un rasgo biológico de nacimiento, sino una construcción forjada por el contexto histórico en el que se criaron. Al haber vivido reconstrucciones globales y crisis económicas, su memoria vital les otorga una perspectiva temporal que las generaciones jóvenes, más vulnerables a la inmediatez, no poseen para entender que las crisis son temporales.
¿Qué explica la Teoría de la Selectividad Socioemocional?
La psicóloga Laura Carstensen, de la Universidad de Stanford, explica este fenómeno a través de la Teoría de la Selectividad Socioemocional. A medida que las personas envejecen, su percepción del tiempo cambia, lo que altera radicalmente la forma en que gestionan sus sentimientos. El cerebro empieza a procesar la información positiva de manera preferente, ignorando estímulos molestos o personas conflictivas para proteger la paz mental.
Esta capacidad de filtrar lo negativo permite a los nacidos en estas décadas salir de estados de enfado o tristeza con mayor rapidez que los jóvenes. Lo que a menudo se interpreta desde afuera como mal humor o dificultad para complacer es, en realidad, un agotamiento de fingir que nada les molesta. Han decidido dejar de actuar para satisfacer expectativas ajenas y priorizan acciones que resulten gratificantes a corto plazo.
El origen analógico como ventaja cognitiva
Otro pilar de esta fortaleza es su origen analógico. Al no haber crecido como nativos digitales, su autoestima no se construyó sobre la base de la aprobación externa o los algoritmos de las redes sociales. Esto les otorgó herramientas cognitivas para resolver problemas cotidianos y conflictos interpersonales mediante la empatía y la lectura del lenguaje corporal, habilidades que hoy resultan escasas en entornos dominados por la inteligencia artificial.