En los últimos años, distintos colegios de todo el mundo han avanzado en la implementación de normas para restringir o prohibir el uso del teléfono en las escuelas. Gobiernos, docentes y familias impulsaron estas medidas con el objetivo de mejorar el rendimiento académico, reforzar la salud mental de los estudiantes y reducir las distracciones dentro del aula.
Escuelas libres de celulares: “En los recreos, los chicos juegan a la pelota, al truco y a las figuritas”. | Foto: Archivo Los Andes.
El enfoque partió de una premisa clara: menos exposición a pantallas durante las clases debía traducirse en mayor atención y mejores resultados escolares. Sin embargo, un estudio reciente pone en duda esa relación directa y obliga a revisar los efectos reales de estas decisiones.
Qué revelan los estudios
Una investigación publicada por la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos analizó el impacto de estas prohibiciones en más de 41 mil escuelas. El trabajo fue desarrollado por especialistas de universidades como Stanford, Pensilvania, Duke y Michigan, quienes utilizaron registros académicos, encuestas a estudiantes y docentes, datos de geolocalización y cifras aportadas por empresas tecnológicas vinculadas al control de dispositivos.
Los resultados muestran que las restricciones cumplen su objetivo inmediato. En las escuelas donde se implementaron sistemas como fundas magnéticas para bloquear los celulares, el uso durante clases cayó del 61% al 13%, según reportaron los profesores. Además, los datos de ubicación indican que, tras tres años de aplicación, la actividad de los teléfonos dentro de los establecimientos se redujo cerca de un 30%.
Celulares en las escuelas
Impacto en el rendimiento académico
A pesar de esa caída significativa en el uso de dispositivos, el efecto sobre las calificaciones fue prácticamente nulo. El estudio concluye que el impacto promedio en el rendimiento académico se mantiene “consistentemente cercano a cero”. Tampoco se detectaron mejoras relevantes en la asistencia, la participación en clase ni en la percepción del ciberacoso.
E. Jason Baron, profesor de economía en la Universidad de Duke y uno de los autores del estudio, señaló: “Creo que nuestro estudio resulta útil para demostrar que, a menudo, las soluciones fáciles parecen funcionar muy bien”. En esa línea, agregó: “Pero es difícil modificar resultados como las calificaciones de los exámenes”.
Efectos secundarios y adaptación
La implementación de estas medidas no estuvo exenta de consecuencias en el corto plazo. Durante el primer año, muchas escuelas registraron un aumento en los incidentes disciplinarios y una baja en el bienestar estudiantil. Estos efectos se vinculan con la resistencia inicial de los alumnos frente a las nuevas restricciones y con un mayor control por parte de los docentes.
Con el paso del tiempo, la situación tendió a estabilizarse. A partir del segundo año, los conflictos disminuyeron y los estudiantes reportaron una mejora en su percepción general del entorno escolar.
Un informe de la UNESCO recomienda prohibir el uso de celulares en las escuelas. Foto: Web.
Más allá de la prohibición
Los resultados del estudio plantean un límite claro: restringir el uso del celular no alcanza, por sí solo, para mejorar el rendimiento académico. Aunque reduce distracciones de forma efectiva, no modifica de manera significativa variables más complejas como el aprendizaje, la motivación o el desempeño en evaluaciones.