En la época de Navidad es muy común que una de las actividades a realizar sea la de ver películas. Por lo general los films se repiten año tras año y la psicología tiene una explicación para esto.
Los grandes éxitos navideños son constantemente elegidos para estas fechas, pero hay una razón más allá del gusto personal.
En la época de Navidad es muy común que una de las actividades a realizar sea la de ver películas. Por lo general los films se repiten año tras año y la psicología tiene una explicación para esto.
Es normal que se vean los títulos que ya sabemos de memoria. Si bien conocemos las tramas y finales los seguimos eligiendo una y otra vez por algunas razones.
El cerebro humano tiende a preferir aquello que le resulta conocido, especialmente en contextos de mayor carga emocional. Las películas con tramas conocidas reducen la incertidumbre y el esfuerzo mental, algo especialmente valioso en una época en la que aumentan los compromisos sociales, las evaluaciones personales del año que termina y las expectativas familiares.
También vemos las mismas películas porque el transporte narrativo es un proceso psicológico por el cual las personas se sumergen emocionalmente en una historia hasta el punto de sincronizar sus emociones con las de los personajes.
Cuando volvemos a ver las mismas películas estamos yendo directamente a nuestros recuerdos cargados de significado personal y familiar. Aunque la Navidad adulta no siempre conserva la magia de la infancia, estas historias activan sensaciones asociadas a etapas más simples y protegidas de la vida.
Al ver las mismas películas en Navidad, estamos llevando a cabo un ritual colectivo. Los rituales ayudan a regular las emociones, reducir el estrés y reforzar las relaciones sociales.