Entre los animales que esperan una adopción, la edad y determinadas discapacidades pueden volver más difícil encontrar una familia. Eso le ocurrió a Parasol, una perra de 10 años que llegó a un refugio de Virginia, Estados Unidos, donde descubrieron que era ciega y sorda. Durante un tiempo fue pasada por alto, hasta que finalmente alguien decidió llevarla a casa.
La historia fue difundida recientemente por la Richmond SPCA, organización que trabaja con perros y gatos sin hogar. Parasol había ingresado a sus instalaciones en mayo y rápidamente llamó la atención de sus cuidadores por su carácter afectuoso. Sin embargo, un examen veterinario reveló dos condiciones que podían complicar considerablemente su adopción.
Parasol llegó al refugio y descubrieron que era ciega y sorda
El equipo veterinario determinó que la perra no podía ver ni escuchar. A eso se sumaba su edad: con 10 años, Parasol era una mascota senior que necesitaba encontrar una persona dispuesta a adaptar algunos aspectos de la convivencia a sus necesidades.
Según explicó la propia Richmond SPCA, la combinación de su edad y esas limitaciones hizo que fuera ignorada durante un tiempo por potenciales adoptantes.
Para un perro que no ve ni escucha, el mundo se interpreta de otra manera. El olfato, las vibraciones, las rutinas y el contacto físico adquieren una importancia todavía mayor. Eso no significa que un animal con estas características no pueda adaptarse a una vivienda, sino que necesita un entorno donde sus necesidades sean comprendidas.
La historia de Parasol cambió durante la campaña Clear The Shelters, una iniciativa de adopción en la que participaron refugios de Estados Unidos durante agosto. Después de meses esperando, la Richmond SPCA confirmó que la perra finalmente había encontrado a su persona y abandonado el refugio.
No fue la única perra mayor que encontró una familia
La misma semana dejó otros casos dentro de la organización. Peach Cobbler, una perra de 8 años que había entrado y salido del refugio desde octubre de 2025, terminó siendo adoptada por una de las propias trabajadoras del lugar.
También encontró hogar Tinsel, de 13 años. La organización la conocía desde 2014 y durante años había pasado distintas etapas bajo su cuidado buscando un lugar definitivo donde vivir. Su adopción se produjo durante la misma campaña.
El caso de Parasol, sin embargo, reúne dos obstáculos adicionales. No solamente necesitaba una oportunidad a una edad en la que muchos adoptantes buscan perros más jóvenes: debía encontrar una familia preparada para convivir con una mascota que no puede responder a una voz ni orientarse mediante la vista.
La espera terminó en agosto de 2026. Después de llegar al refugio, ser diagnosticada como ciega y sorda y permanecer durante meses sin ser elegida, Parasol salió finalmente con una familia. Para los animales mayores o con discapacidades, historias como la suya muestran que una adopción puede tardar más, pero no necesariamente tiene que dejar de llegar.