Para muchos dueños, regresar a casa y encontrarse con el perro es uno de los momentos más esperados del día. Saltos, ladridos, vueltas y caricias suelen formar parte del recibimiento, aunque esa reacción puede terminar reforzando conductas que después resultan difíciles de controlar.
El problema no está en demostrar afecto, sino en premiar la excitación. Por eso, los expertos en comportamiento canino recomiendan cambiar una costumbre cotidiana y esperar unos segundos antes de iniciar el saludo.
Salir de casa con naturalidad y regresar sin grandes celebraciones ayuda a convertir ambos acontecimientos en situaciones previsibles.
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Por qué recibir al perro con demasiada emoción puede ser contraproducente
Los perros aprenden mediante asociaciones. Si cada llegada del dueño está acompañada por caricias, juegos, premios y una respuesta exagerada mientras el animal salta o ladra, puede interpretar que ese comportamiento es precisamente el que consigue atención.
Con el tiempo, la conducta puede hacerse más intensa. El perro comienza a esperar ese momento y aumenta su nivel de excitación apenas escucha la puerta o reconoce que su dueño está por entrar.
Esto no significa que un perro no pueda alegrarse al reencontrarse con su familia. La emoción es completamente normal. El inconveniente aparece cuando la reacción resulta desproporcionada y afecta la convivencia.
Entre las señales que pueden indicar que existe un problema se encuentran los saltos constantes, ladridos difíciles de interrumpir, incapacidad para relajarse después de la llegada y una necesidad permanente de seguir al dueño por la vivienda.
La relación entre los saludos y la ansiedad por separación
Las despedidas y los reencuentros también pueden tener importancia en perros que presentan ansiedad por separación. Cuando ambos momentos están cargados de emoción, la presencia del dueño puede convertirse en un acontecimiento demasiado relevante para el animal.
- La ASPCA y especialistas en ansiedad por separación recomiendan mantener llegadas y salidas tranquilas, evitando convertirlas en acontecimientos extraordinarios. La intención no es ignorar al perro, sino enseñarle que la entrada del dueño forma parte de una rutina normal.
- Una manera sencilla de comenzar es entrar a casa sin responder inmediatamente a los saltos o ladridos. Cuando el animal consiga permanecer tranquilo, aunque sea durante unos segundos, se puede ofrecer atención de forma calmada.
- También es posible enseñarle a dirigirse hacia una cama o un lugar determinado cuando se abre la puerta. Con refuerzo positivo, esa conducta puede convertirse en una alternativa al salto o la excitación.
Es conveniente evitar despedidas excesivamente dramáticas.
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Cómo saludar al perro sin dejar de demostrarle cariño
Cambiar el ritual de llegada no significa eliminar las muestras de afecto. El objetivo es modificar el momento en que se recompensa al animal.
- Si el perro permanece tranquilo, recibe caricias, palabras amables o algún juego. De esta manera aprende que estar calmado también le permite conseguir la atención de su dueño.
- Además, mantener una rutina equilibrada durante el día puede ayudar. Los paseos, el ejercicio, los juegos y la estimulación mental permiten que el animal libere energía y llegue a determinados momentos con un estado más estable.
Demostrar cariño y enseñar buenos modales no son objetivos opuestos. La clave está en que el afecto llegue acompañado de calma, para que el animal no aprenda que ladrar, saltar o agitarse es la mejor forma de conseguirlo.