15 de agosto de 2026 - 19:00

Un hombre visita un refugio para distraerse tras perder a su gato, pero el felino que saca una pata de la jaula hace que le resulte imposible marcharse solo

Chuck Hawley atravesaba el duelo por Sticky cuando entró a un refugio sin intención de adoptar. Un gesto inesperado de Allen cambio el final de la visita.

Chuck Hawley había perdido a Sticky apenas unos días antes cuando decidió entrar a un refugio de animales de Oregon. No buscaba reemplazarlo ni estaba preparado para una adopción. Había pasado seis años junto a aquel gato, al que encontró en 2018 pegado al suelo cerca de Salem, y pensó que pasar un rato entre gatitos podía ofrecerle una distracción.

La visita parecía destinada a terminar rápido. En la Oregon Humane Society le explicaron que todos los gatitos disponibles habían sido adoptados esa misma mañana. El personal le dijo que todavía podía recorrer la zona donde estaban los gatos adultos, pero Hawley primero decidió marcharse. Llegó incluso hasta la puerta antes de cambiar de idea y regresar.

Una hilera de jaulas cubiertas y una pata que apareció de repente

Allan sacó una de sus patitas por la lona y tocó el brazo de Chuck Hawley.

Allan sacó una de sus patitas por la lona y tocó el brazo de Chuck Hawley.

En la parte trasera encontró varias jaulas metálicas cubiertas con lonas azules. Al final del sector vio a un gato que, desde cierta distancia, le recordó a Sticky. Lo miró durante unos segundos, le deseó una buena vida y volvió a caminar hacia la salida. Entonces ocurrió el gesto que terminó modificando su decisión.

Mientras pasaba junto a una de las jaulas tapadas, sintió un contacto en el brazo. Una pata había salido por debajo de la lona y lo había tocado. Hawley sacó el teléfono para fotografiarla y el animal dejó la extremidad allí, extendida, como si quisiera mantener el contacto. El hombre describió después la escena como un momento imposible de ignorar.

Cuando levantó la lona descubrió a Allen

No pensaba adoptar hasta que lo vio.

No pensaba adoptar hasta que lo vio.

Hawley retiró la cobertura y conoció al gato que estaba detrás: se llamaba Allen. No era idéntico a Sticky, pero desde cierto ángulo encontró una expresión que le recordó profundamente a su compañero perdido. La combinación entre ese parecido y el gesto de la pata terminó de romper la resistencia con la que había entrado al refugio.

La historia anterior de Sticky hacía el momento todavía más intenso. Hawley lo había rescatado cuando era apenas un cachorro y, con el tiempo, el gato se volvió parte de sus proyectos personales. Incluso inspiró una serie de libros infantiles, entre ellos A Sticky Situation y otro título dedicado precisamente al duelo, We Don’t Say Goodbye.

La adopción no buscó reemplazar al gato que había perdido

Hawley salió del refugio ese mismo día con Allen en brazos. La decisión, según contó, no implicó pensar que un animal podía sustituir a otro. Sticky seguía ocupando un lugar propio en su historia, pero Allen empezó a ofrecerle compañía durante una etapa especialmente difícil y a introducir una rutina nueva dentro de la casa.

La adaptación fue rápida. Hawley observó que Allen elegía algunos de los mismos lugares donde Sticky solía descansar y se acomodaba cerca suyo en los días en que el duelo se hacía más pesado. El nuevo gato terminó funcionando como una compañía inesperada, justo cuando el hombre había ido al refugio convencido de que todavía no podía adoptar.

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