Basta con escuchar una conversación entre abuelos y nietos para notar el contraste. Los abuelos hablan de discusiones resueltas en la calle, de rodillas raspadas sin drama, de tardes enteras sin ningún adulto cerca. Los nietos, en cambio, muchas veces no saben qué hacer cuando un plan falla, y la psicología lleva años documentando este mecanismo.
Quienes crecieron entre mediados de la década de 1950 y finales de la de 1970 no tuvieron una infancia más fácil: tuvieron una infancia con menos protección entre el niño y el mundo. Ese rasgo, que la psicología del desarrollo llama resiliencia emocional, está asociado a rutinas de juego libre que en la crianza moderna prácticamente desaparecieron.
La diferencia está en cómo se formó cada generación.
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Qué es el "abandono benigno" y por qué caracterizó a esa generación
El término puede sonar duro, pero describe un estilo de crianza muy específico de esa época. Los padres proporcionaban vivienda, comida y educación, exigían buenas notas, y dejaban la mayoría de los problemas cotidianos en manos del propio niño. Discusiones con el vecino, el aburrimiento de la tarde de sábado, peleas por una pelota: todo se resolvía entre pares, sin mediación adulta.
- Peter Gray, profesor de investigación de psicología en Boston College y uno de los investigadores más citados sobre el tema, lleva su carrera entera estudiando qué hace el juego libre en los chicos y qué pasa cuando ese juego desaparece.
- En un análisis publicado en 2023 en el Journal of Pediatrics, Gray y sus coautores plantean que la contracción de la actividad independiente de los niños desde la década de 1960 los volvió notablemente menos resilientes y disparó un aumento bien documentado de trastornos de salud mental como la depresión y la ansiedad.
Gray lo resume de manera directa: "Si le sacás la actividad independiente a los chicos, y los restringís todo el tiempo, básicamente los tenés atados con correa, y lo que vas a obtener es depresión".
Es indispensable dejar que el chico se equivoque, se aburra y encuentre su propia salida.
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Qué habilidades se desarrollan cuando no hay supervisión constante
Sin un adulto que mediara en cada conflicto, el niño de esa época necesitaba crear sus propias soluciones. Ese tipo de experiencia desarrolló habilidades emocionales que hoy los investigadores intentan enseñar de manera deliberada en programas escolares.
- Cuando los chicos juegan sin dirección de un adulto, tienen espacio para descubrirse a sí mismos. Aprenden a construir amistades, gestionar emociones, desarrollar empatía y negociar relaciones con sus pares.
- Las principales habilidades que emergen de ese tipo de infancia son la tolerancia a la frustración, la resolución de conflictos, la evaluación de riesgos, la creatividad a partir del aburrimiento y la autonomía temprana.
- Un estudio de 2023 publicado por Bjorklund, Gray y David F. Bjorklund en conjunto encontró que el aumento de trastornos de salud mental en niños y adolescentes está atribuido a una disminución, a lo largo de décadas, en las oportunidades de jugar, deambular y participar en actividades independientes del control directo de los adultos.
Por qué la crianza actual tiene tanta dificultad para producir lo mismo
No se trata de falta de amor ni de un exceso de celo por parte de los padres actuales. Es una combinación de cambios sociales: mayor tiempo de escolarización, presión académica creciente, tiempo constante frente a pantallas y una cultura que trata cualquier malestar del niño como un problema urgente que hay que resolver de inmediato.
Gray identifica un punto de inflexión histórico concreto: fue particularmente a partir de la década de 1980 que se desarrolló el miedo a dejar a los chicos afuera sin la supervisión de un adulto. Lo que antes de los años 80 era la crianza normal (mandar a los chicos a jugar afuera) empezó a considerarse negligencia parental, por miedo a que algo terrible pudiera pasarles.
La diferencia entre la generación que creció con "abandono benigno" y la que se cría hoy no es una cuestión de carácter individual: es el resultado directo de cuánto espacio tuvo cada una para resolver sus propios problemas sin intervención adulta.