Los pancitos de queso sin harina de trigo son una alternativa rápida para preparar algo casero sin recurrir a una masa tradicional. La receta lleva pocos ingredientes, no necesita amasado y permite obtener bollitos dorados por fuera y tiernos por dentro. Además, se preparan en unos 20 minutos, por lo que son ideales para resolver un desayuno o una merienda.
La combinación de queso rallado y leche en polvo es la base de esta preparación y aporta textura, sabor y consistencia. Con un huevo y un poco de polvo de hornear se completa una mezcla sencilla que luego se divide en pequeñas porciones antes de entrar al horno.
Los ingredientes para preparar 8 pancitos
Para hacer estos pancitos de queso se necesitan:
- 1 huevo mediano
- 1 taza de queso rallado
- 1 taza de leche en polvo
- 1 cucharadita de polvo de hornear
No hace falta agregar harina de trigo, manteca ni aceite a la mezcla. El queso y la leche en polvo permiten conseguir una preparación con cuerpo, mientras que el polvo de hornear ayuda a que los bollitos crezcan durante la cocción.
El paso a paso
- Colocar el huevo, el queso rallado, la leche en polvo y el polvo de hornear en un bowl amplio.
- Mezclar con las manos hasta conseguir una masa homogénea.
- Dividir la preparación en ocho porciones iguales y hacer bolitas con cada una. Acomodarlas en una bandeja para horno previamente enmantecada o cubierta con papel manteca.
- Cocinar en un horno precalentado a 200 °C durante unos 20 minutos, hasta que los pancitos estén dorados por fuera.
- Retirar la bandeja y dejar que se entibien durante unos minutos. Se recomienda comerlos calentitos, cuando el sabor del queso se disfruta mejor.
Una opción para acompañar el desayuno o la merienda
Además de ser fáciles de preparar, estos pancitos pueden utilizarse como acompañamiento de distintas comidas. Se pueden servir durante el desayuno o la merienda, aunque también funcionan como reemplazo del pan tradicional para acompañar un almuerzo o una cena.
La receta rinde ocho unidades y requiere apenas unos minutos de preparación y cocción. El resultado son pequeños panes dorados, esponjosos y con sabor a queso, una alternativa práctica para tener algo recién hecho sin dedicar demasiado tiempo a la cocina.