29 de agosto de 2026 - 23:45

En 1977, empezaron a construir una ciudad desde cero porque una represa iba a inundar Federación; en 16 meses levantaron el nuevo asentamiento 5 km más lejos para unos 5.000 habitantes

El avance de la represa de Salto Grande obligó a trasladar una ciudad entera de Entre Ríos. La Nueva Federación fue construida en tiempo récord.

La historia de Federación, en Entre Ríos, tuvo un giro extraordinario a fines de la década de 1970: una ciudad completa tuvo que ser reemplazada por otra. La construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande implicaba crear un embalse sobre el río Uruguay y el viejo asentamiento quedaría directamente afectado por la subida del agua.

La decisión venía de mucho antes. En 1946, Argentina y Uruguay habían firmado el acuerdo binacional que impulsó el aprovechamiento hidroeléctrico de Salto Grande. Cuando la obra finalmente comenzó el 3 de julio de 1974, en Federación vivían alrededor de 5.000 personas y la posibilidad de perder el pueblo dejó de ser una idea futura para convertirse en una certeza.

La nueva ciudad empezó a levantarse a cinco kilómetros

La construcción de la Nueva Federación comenzó en 1977 en un sitio ubicado aproximadamente cinco kilómetros del pueblo que sería demolido e inundado. Antes de edificar las viviendas, se preparó el terreno y se instaló infraestructura de electricidad, teléfono, agua corriente y red cloacal. El proyecto fue presentado como un ejemplo de modernidad y planificación urbana.

La velocidad de la obra fue una de sus características más llamativas. La Municipalidad de Federación explica que se utilizó un sistema de construcción por moldes y un esquema de tareas en serie. Mientras una empresa levantaba la estructura principal, otras colocaban techos, pisos, vidrios, muebles, sanitarios y griferías. Así, el nuevo asentamiento quedó en pie en apenas 16 meses.

El traslado fue rápido, pero no significó empezar de cero sin consecuencias

El dato de los 16 meses suele transmitir una imagen de eficiencia, pero los documentos oficiales también remarcan la otra cara del proceso. Los federaenses fueron trasladados de manera abrupta y debieron dejar atrás inmuebles, calles conocidas y buena parte de la geografía en la que habían construido su vida. La nueva ciudad todavía estaba en obra cuando empezó a recibir a sus habitantes.

La vegetación era escasa y los servicios esenciales presentaban desajustes. Además, el diseño moderno no podía reemplazar de inmediato los vínculos emocionales con el antiguo pueblo. La relocalización fue una solución material al avance del embalse, pero también produjo un proceso colectivo de desarraigo que todavía forma parte de la memoria local.

Federación ya había cambiado de lugar una vez antes

La mudanza de los años 70 no fue la primera. El origen de la comunidad se remonta a Mandisoví, una estancia fundada en 1777 por Juan de San Martín, padre de José de San Martín. En 1847, el poblado fue relocalizado sobre la barranca del río Uruguay y pasó a llamarse Pueblo de la Federación. Más de un siglo después, Salto Grande obligó a un nuevo traslado.

Ese recorrido explica por qué la historia oficial de la ciudad suele resumirse con una frase: un solo pueblo, tres asentamientos y dos relocalizaciones. La Nueva Federación fue inaugurada el 25 de marzo de 1979, fecha que quedó registrada también en el nombre de una de sus principales avenidas.

La ciudad que nació por una represa terminó construyendo otra identidad

Con el tiempo, el nuevo asentamiento dejó de ser únicamente la ciudad creada para reemplazar a la anterior. En la década de 1990, Federación impulsó la búsqueda de aguas termales y en 1994 encontró el recurso que después se convertiría en una de sus marcas turísticas. Hoy la memoria del traslado convive con una ciudad completamente consolidada.

Lo excepcional de aquella obra no fue solamente levantar calles, viviendas y servicios en 16 meses. Fue trasladar una comunidad entera porque el lugar donde había vivido durante generaciones iba a quedar bajo las aguas del embalse. A casi cinco décadas, la Nueva Federación sigue siendo uno de los ejemplos más singulares de relocalización urbana de la Argentina.

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