No hiervas más el arroz en agua: el truco de los chefs para una guarnición gourmet perfecta
Sustituir el agua por caldo de pollo y aplicar un remojo profundo para eliminar el almidón permite obtener una textura más firme y un perfil aromático superior en cada grano.
¿Querés que el arroz te quede gourmet? Seguí estos consejos.
Cocinar arrozblanco parece una tarea simple, pero lograr que sea el protagonista del plato requiere abandonar la técnica tradicional del hervor en agua salada. El chef José Ramón Castillo propone un cambio estructural en la receta: utilizar caldo de pollo y un método específico de limpieza para potenciar el sabor y mejorar la consistencia final.
El error común al lavar el grano y cómo solucionarlo
La mayoría de los cocineros hogareños se limitan a enjuagar el arroz rápidamente bajo el grifo, pero la técnica profesional demanda un compromiso mayor con la textura. El secreto para un arroz suelto y con carácter comienza por sumergir el grano en un recipiente con agua y revolverlo manualmente. Este movimiento desprende el exceso de almidón de manera mucho más efectiva que el simple paso del agua corriente, lo cual es determinante para evitar que los granos se peguen entre sí durante la cocción.
Este proceso de limpieza debe repetirse sistemáticamente hasta que el agua de remojo se observe prácticamente cristalina. Una vez alcanzado este punto, es fundamental dejar que el arroz se seque por completo antes de que tome contacto con el fuego. Este paso intermedio, a menudo ignorado por la prisa, es el que permite que el grano responda correctamente al salteado posterior sin ablandarse prematuramente.
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La eliminación profunda del almidón superficial es la clave química detrás de un arroz de alta calidad. Cuando el grano conserva demasiado almidón, este se gelatiniza con el calor y forma una masa compacta que bloquea la absorción de sabores externos. Al limpiar el grano y luego saltearlo con ajo, se crea una micro-barrera de sellado que protege la integridad estructural del arroz. Esto permite que, al añadir el caldo, el líquido rico en grasas y proteínas penetre hasta el núcleo del grano, enriqueciendo su perfil nutricional y gustativo desde el interior hacia afuera, en lugar de simplemente quedar en la superficie.
La proporción exacta y el uso del caldo
El reemplazo del agua por caldo de pollo o vegetales es la recomendación principal para quienes buscan una experiencia gastronómica distinta. No obstante, el éxito depende de respetar una proporción específica que difiere del clásico "dos por uno" que se utiliza habitualmente con agua. Para este método, el chef sugiere utilizar exactamente 550 mililitros de caldo por cada taza de arroz seco.
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El procedimiento técnico para ejecutar esta receta de forma profesional requiere seguir estos pasos críticos:
Remojar el arroz en un bol con agua y revolver hasta que el líquido se vuelva turbio por el desprendimiento de almidón.
Drenar y repetir el lavado las veces que sea necesario hasta que el agua salga transparente.
Secar el arroz por completo y saltearlo en la olla con una base de ajo para despertar los aromas.
Incorporar los 550 ml de caldo de pollo o vegetales previamente calentado sobre el arroz sellado.
Añadir una porción generosa de manteca hacia el final de la cocción, justo antes de que se evapore todo el líquido, si se busca un acabado cremoso similar al de un risotto.
Este método no solo transforma la percepción del arroz blanco como un simple relleno, sino que aprovecha la capacidad de absorción del grano para convertirlo en un vehículo de sabores complejos. La elección del caldo, ya sea de pollo o una versión de vegetales bien concentrada, garantiza que el plato final tenga una profundidad que el agua y la sal jamás podrían proporcionar por sí solas.