26 de febrero de 2026 - 14:15

Los jóvenes de entre 15 y 20 años enfrentan dificultades para resolver estos retos cotidianos, según la psicología

La psicología muestra que en esta franja etaria los jóvenes responden a procesos biológicos y psicológicos propios del crecimiento.

La adolescencia tardía y el inicio de la adultez temprana constituyen una etapa de transición intensa. Y la ciencia es clara al respecto: el cerebro no termina de desarrollarse completamente hasta aproximadamente los 25 años.

En particular, la corteza prefrontal —responsable de funciones ejecutivas como la organización, la regulación emocional y el pensamiento a largo plazo— continúa su maduración durante esta etapa. Así lo explica la American Psychological Association (APA), que señala que las habilidades de autorregulación y juicio se consolidan progresivamente en la adultez joven.

A su vez, el neurocientífico Laurence Steinberg, profesor de la Temple University y uno de los mayores expertos en desarrollo adolescente, sostiene que existe una brecha entre la maduración emocional y el desarrollo del autocontrol cognitivo. Esto implica que los jóvenes pueden comprender racionalmente una situación, pero aun así actuar de manera impulsiva.

1. Planificación a largo plazo

Organizar estudios, trabajo y objetivos futuros requiere habilidades ejecutivas que todavía están en consolidación.

2. Regulación emocional en conflictos

Manejar discusiones sin reaccionar impulsivamente implica control inhibitorio, una función en desarrollo.

3. Toma de decisiones bajo presión social

La influencia del grupo tiene un peso mayor en esta etapa debido a la sensibilidad del sistema de recompensa cerebral.

4. Administración del tiempo y prioridades

Evaluar qué es urgente y qué es importante demanda madurez cognitiva y experiencia.

Estos desafíos no implican incapacidad, sino un proceso evolutivo natural. De hecho, la neuroplasticidad en esta etapa es alta, lo que significa que el entrenamiento y la experiencia fortalecen rápidamente estas competencias.

El rol del entorno en el proceso de crecimiento de los jóvenes

La psicología también subraya que el contexto cumple un papel central. Familias con límites claros, acompañamiento emocional y oportunidades de autonomía progresiva favorecen el desarrollo de habilidades ejecutivas. En cambio, entornos caóticos o excesivamente restrictivos pueden dificultar el aprendizaje de la autorregulación.

Además, la sobreexposición a estímulos digitales inmediatos puede interferir con la tolerancia a la demora. El sistema de recompensa cerebral adolescente responde con mayor intensidad a gratificaciones rápidas, lo que complica tareas que requieren esfuerzo sostenido.

Uno de los errores frecuentes es interpretar estas dificultades como desinterés o irresponsabilidad. La evidencia científica indica que se trata de un proceso neurobiológico en curso. A medida que la corteza prefrontal madura, mejora la capacidad de anticipar consecuencias, organizar metas y controlar impulsos.

Comprender esta etapa desde la psicología permite ajustar expectativas y promover herramientas prácticas: entrenamiento en planificación, educación emocional y espacios de autonomía guiada.

La adolescencia no es un problema a corregir, sino una etapa de construcción. Y como todo proceso de desarrollo, requiere tiempo, experiencia y acompañamiento adecuado.

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