Después de una cena familiar o de una mesa con amigos, las botellas de vino vacías suelen quedar a la vista un rato y luego pasan a la basura. Pero antes de descartarlas, conviene pensarlo de nuevo: esas formas elegantes y ese vidrio resistente se prestan para proyectos de decoración que aportan calidez y personalidad al hogar.
Una de las propuestas más simples y con mejor resultado visual es convertir la botella entera en un portavelas rústico. La vela colocada en el pico y la cera que se derrama por el cuello generan un efecto vintage y artesanal que funciona en una mesa de comedor, en la galería o sobre una repisa.
El vidrio armoniza con la luz cálida de la vela y la cera añade una textura singular que cambia con cada uso. Además, la pieza fusiona estética y practicidad: aporta iluminación ambiental y, al mismo tiempo, testimonio de una reunión feliz.