Durante mucho tiempo, las grasas fueron señaladas como uno de los principales enemigos de una alimentación saludable. Sin embargo, las investigaciones científicas actuales muestran que no todas tienen el mismo efecto sobre el organismo. Mientras algunas contribuyen al buen funcionamiento del cuerpo y ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares, otras aumentan el riesgo de problemas metabólicos y cardíacos.
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Las grasas que benefician al organismo
Las llamadas grasas insaturadas, tanto monoinsaturadas como poliinsaturadas, son consideradas las opciones más saludables dentro de una alimentación equilibrada.
Diversos estudios indican que pueden disminuir los niveles de colesterol LDL, conocido como "colesterol malo", favorecer el aumento del colesterol HDL o "colesterol bueno", mejorar la función de los vasos sanguíneos y contribuir al rendimiento cognitivo.
Además de aportar energía, estas grasas participan en funciones esenciales del organismo. Permiten absorber las vitaminas liposolubles A, D, E y K, forman parte de las membranas celulares y colaboran en distintos procesos hormonales.
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Alimentos ricos en grasas saludables
Incorporar estos alimentos con frecuencia puede mejorar la calidad nutricional de la dieta:
- Aceite de oliva extra virgen.
- Aceite de girasol alto oleico.
- Palta.
- Nueces y almendras.
- Semillas de chía, lino y girasol.
- Pescados grasos como salmón, atún y sardinas.
Consumidos en cantidades adecuadas, estos alimentos aportan nutrientes esenciales sin necesidad de eliminar las grasas de la alimentación.
Las grasas que conviene limitar
No todas las grasas ofrecen beneficios para la salud. Las grasas trans son las que presentan mayor evidencia de efectos negativos sobre el organismo.
Se encuentran principalmente en productos ultraprocesados, panificados industriales, margarinas, snacks y alimentos fritos. Su consumo se asocia con un aumento del colesterol LDL, una reducción del colesterol HDL y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Las grasas saturadas también deben consumirse con moderación. Están presentes en carnes rojas, embutidos, manteca, quesos enteros y productos de pastelería.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que este tipo de grasas represente menos del 10 % del total de las calorías consumidas diariamente.
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La calidad importa más que la cantidad
Las grasas cumplen funciones fundamentales en el organismo. Además de proporcionar energía, ayudan a proteger órganos, participan en la producción de hormonas y mantienen la estructura de las células.
Por ese motivo, los especialistas sostienen que el problema no radica en consumir grasas, sino en elegir aquellas que ofrecen mayores beneficios para la salud y moderar las que pueden aumentar el riesgo de enfermedad.
Una alimentación equilibrada puede incluir grasas saludables de manera habitual sin afectar negativamente el bienestar.
Cinco hábitos para mejorar el perfil graso de la alimentación
Pequeños cambios en la rutina diaria pueden marcar una diferencia importante a largo plazo.
- Utilizar aceite de oliva extra virgen o aceite de girasol alto oleico para cocinar y condimentar.
- Consumir pescados grasos al menos dos veces por semana.
- Incorporar nueces o semillas a ensaladas, yogures o licuados.
- Revisar las etiquetas y evitar productos que contengan aceites parcialmente hidrogenados.
- Reducir el consumo de frituras, comidas rápidas y alimentos ultraprocesados.