Los gatos que viven en departamentos podrían no estar tan seguros: detectan mayor exposición a un químico común del hogar
Un estudio internacional reveló que el pelo de felinos que viven en departamentos registra 79,5 pg/mg de este químico, frente a los 25,9 pg/mg de gatos con acceso al exterior.
¿Vivís en un departamento con tu gato? Debés tener en cuenta esto.
Una investigación científica internacional ha encendido las alarmas sobre la salud de los gatos al detectar concentraciones elevadas de bisfenol A (BPA) en animales que viven exclusivamente en interiores. El estudio revela que el hogar, lejos de ser un refugio aséptico, actúa hoy como una fuente persistente de contaminantes químicos para las mascotas.
El hogar como reservorio de contaminantes invisibles
El bisfenol A es un compuesto químico que se sintetizó a fines del siglo XIX y cuya producción masiva comenzó en la década de 1930. Actualmente, se utiliza como plastificante en la fabricación de plásticos de policarbonato, donde llega a representar hasta el 90% del material. Esta sustancia forma parte de objetos cotidianos como envases de alimentos, botellas, electrodomésticos, dispositivos electrónicos, muebles, textiles y pinturas.
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La investigación analizó por primera vez la exposición prolongada al BPA en gatos mediante muestras de pelo. Se estudiaron 70 gatos clínicamente sanos, de entre 1 y 15 años, que vivían en hogares particulares y consumían alimentación comercial. Los resultados fueron contundentes: el 97% de las muestras analizadas contenía bisfenol A por encima del límite de detección. La concentración más alta registrada alcanzó los 955,4 picogramos por miligramo (pg/mg).
Por qué el bisfenol A altera el sistema hormonal felino
El bisfenol A funciona como un disruptor endocrino debido a su similitud estructural con los estrógenos, lo que le permite interferir en la regulación hormonal y afectar el funcionamiento de distintos órganos. Según detalla la investigación, este compuesto puede influir negativamente en el desarrollo cerebral y prostático, además de alterar el comportamiento durante etapas sensibles como el crecimiento temprano.
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Este proceso de afectación ocurre porque el organismo confunde al BPA con hormonas naturales, activando o bloqueando respuestas biológicas de manera indebida. En animales pequeños como los gatos, que pasan gran parte de su tiempo en contacto directo con superficies tratadas o lamiéndose el pelo donde se deposita el polvo del hogar, la carga química puede ser significativamente más impactante que en los humanos.
De alfombras a latas de comida: las fuentes de contacto diario
La diferencia en los niveles de exposición entre gatos de interior y exterior es notable. Mientras que los felinos con acceso al exterior presentaron una media de 25,9 pg/mg, aquellos que habitan exclusivamente en espacios cerrados alcanzaron los 79,5 pg/mg. Esta brecha indica que el entorno doméstico es la fuente de contaminación más relevante.
Además del ambiente, los investigadores señalaron que los alimentos comerciales, especialmente aquellos cuyos envases permiten la migración del químico hacia la comida, son una fuente adicional de riesgo. Aunque organismos como la FDA sostienen que el compuesto es seguro en niveles muy bajos, la evidencia científica continúa bajo evaluación debido a la persistencia del químico en el entorno doméstico. Para los dueños de mascotas en zonas urbanas, reducir el uso de plásticos y ventilar los ambientes se presenta como una medida necesaria para mitigar esta acumulación invisible.