7 de febrero de 2026 - 11:15

Las personas que nunca apagan la luz al salir de una habitación poseen 4 rasgos destacados, según la psicología

Más allá de “olvido” o “descuido”, este patrón se asocia a estilos mentales específicos y a formas de procesar la atención, la responsabilidad y el autocontrol.

Más allá de “olvido” o “descuido”, este patrón se asocia a estilos mentales específicos y a formas de procesar la atención, la responsabilidad y el autocontrol.

La ciencia del comportamiento humano ha estudiado cómo las acciones repetitivas aparentemente simples pueden decir mucho sobre cómo funciona nuestra mente. Dejar las luces encendidas no es solo una conducta ambiental; puede estar conectada con rasgos personales, hábitos cognitivos y patrones de regulación emocional.

Qué dice la psicología sobre este hábito cotidiano

La psicología conductual y cognitiva sostiene que los comportamientos automáticos repetidos responden a circuitos mentales que ya no requieren supervisión consciente: son hábitos. Estos hábitos se forman cuando una conducta se repite tantas veces que deja de depender de una decisión activa para convertirse en algo casi automático.

Charles Duhigg, autor de The Power of Habit, explica que un hábito se compone de tres elementos: señal, rutina y recompensa. Cuando una persona sale de una habitación —“señal”— pero no apaga la luz —“rutina”— es probable que esa acción ya no esté conectada a una evaluación consciente de costo/beneficio, sino a un patrón mental arraigado que no se cuestiona.

Otra perspectiva la aporta la psicóloga del comportamiento Wendy Wood, quien indica que aproximadamente habituales 40% de nuestras acciones diarias están guiadas por hábitos, no por decisiones conscientes. Esto incluye desde cómo nos cepillamos los dientes hasta cómo interactuamos con el entorno, como dejar una luz encendida sin pensar demasiado.

luz prendida

1. La tendencia a la automatización cognitiva

Estas personas dependen en gran medida de respuestas acostumbradas sin supervisión consciente. Su cerebro “ahorra energía” al delegar muchas decisiones pequeñas a hábitos automáticos.

2. Menor atención a detalles secundarios

El foco de atención está en lo que consideran prioritario; detalles como apagar la luz quedan fuera del circuito de atención consciente.

3. Estilos de pensamiento orientados al presente

Tienden a priorizar tareas inmediatas sobre las consecuencias futuras (como el consumo energético), lo que se relaciona con el llamado present bias o sesgo hacia el presente.

4. Mayor propensión a la impulsividad o a la multitarea

En algunos casos, estas personas tienen cerebros que generan múltiples enfoques al mismo tiempo, lo que puede disminuir la probabilidad de recordar acciones que quedaron pendientes.

¿Qué otros factores psicológicos pueden influir?

Aunque los hábitos constituyen un factor central, la conducta de no apagar las luces también puede estar vinculada a otros procesos mentales:

  • Distracción y sobrecarga de información

Vivimos en un mundo lleno de estímulos constantes: notificaciones, tareas múltiples y requerimientos diversos. La psicología cognitiva sostiene que la atención humana es un recurso limitado y, cuando está distribuida en muchas tareas, las acciones no esenciales —como apagar una luz— pueden pasar al olvido.

Un artículo de Scientific American explica que el cerebro humano tiende a priorizar lo que considera “urgente” sobre lo que es “importante”, y esto puede explicar por qué acciones sencillas se hacen sin pensar.

  • Aversión a pérdidas pequeñas

Existe también un sesgo cognitivo llamado la aversión a la pérdida, donde el cerebro tiende a evitar esfuerzos que percibe como menores si no están directamente conectados a una ganancia visible. Apagar una luz puede parecer un esfuerzo que el cerebro no prioriza porque la recompensa (ahorro energético a largo plazo) no se siente como inmediata.

dejar la luz prendida..

Impactos del hábito en la vida cotidiana

Aunque dejar luces encendidas pueda parecer trivial, este comportamiento tiene impactos concretos:

  • Mayor consumo energético
  • Más luz encendida equivale a más gasto y, con ello, posibles consecuencias económicas y ambientales.
  • Refuerza la automatización de hábitos no conscientes
  • Cada acto que repetimos sin atención ayuda a fortalecer aún más el circuito del hábito, dificultando futuros cambios conductuales.
  • Refleja estilos de atención y prioridades mentales

Cómo intervenir según la psicología del hábito

  1. Definir una señal consciente: asociar una acción (por ejemplo, activar una alarma o dejar una nota cerca de la puerta) que indique la necesidad de apagar la luz.
  2. Cambiar la rutina: transformar la acción automática en una respuesta deliberada que siga a la señal.
  3. Reforzar la recompensa: reconocer el beneficio, aunque sea simbólico (ahorro, sensación de orden, menor desperdicio).
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