La desertificación no implica necesariamente que dunas avancen sobre edificios, sino que las tierras secas pierdan vegetación, productividad, humedad y capacidad para sostener actividades humanas. Los mapas y estudios disponibles no permiten asegurar que una ciudad determinada será un desierto dentro de exactamente 50 años.
Sin embargo, señalan que Gran San Juan y otras áreas urbanas de Cuyo y el NOA están expuestas a una combinación preocupante de aridez, sequías y presión sobre el agua.
Gran San Juan, uno de los casos a observar
San Juan depende de los deshielos cordilleranos para sostener la población, la producción agrícola y otras actividades económicas. La región central de la provincia fue identificada en informes internacionales entre las áreas argentinas con amenazas crecientes para sus fuentes superficiales y subterráneas.
Gran Mendoza y Gran San Juan aparecen además entre los conglomerados urbanos argentinos con niveles elevados de riesgo climático, de acuerdo con un análisis académico que comparó amenazas y capacidad de respuesta en distintas ciudades del país.
La expansión urbana sobre terrenos secos, el consumo creciente y las pérdidas en los sistemas de distribución pueden profundizar el problema incluso sin una caída extrema de las precipitaciones.
La Rioja y Catamarca, dentro de una franja naturalmente seca
La ciudad de La Rioja y San Fernando del Valle de Catamarca se encuentran rodeadas por territorios áridos donde la degradación del suelo ya representa un desafío ambiental.
El oeste de Catamarca y La Rioja aparece en el informe nacional sobre sequías como una de las regiones donde la disponibilidad y calidad del agua enfrentan presiones crecientes.
Esto no significa que ambos cascos urbanos vayan a desaparecer. El escenario de riesgo incluye más días de calor, vegetación debilitada, incendios, polvo, menor productividad rural y mayor competencia por el agua.
Las decisiones sobre expansión urbana, protección de cuencas y eficiencia hídrica determinarán cuánto de esa presión llega a los hogares.
San Luis también está dentro del área de atención
La provincia de San Luis integra las zonas secas del NOA y Cuyo incluidas en los programas nacionales de lucha contra la desertificación. El territorio analizado junto con Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Tucumán, San Juan y Mendoza abarca 31 millones de hectáreas.
La capital puntana no cuenta con una proyección que asegure su conversión en desierto. No obstante, su ubicación obliga a seguir variables como precipitaciones, temperaturas, estado de los suelos y abastecimiento de agua.
Qué podría cambiar en la vida cotidiana hacia 2076
Si no mejoran la gestión del agua y el ordenamiento territorial, los efectos podrían sentirse mediante:
- Restricciones más frecuentes de agua.
- Mayor costo para abastecer barrios y cultivos.
- Pérdida de vegetación urbana y rural.
- Más episodios de polvo y erosión.
- Temperaturas extremas y olas de calor más intensas.
- Presión sobre acuíferos y ríos.
- Migración desde zonas rurales degradadas hacia las ciudades.
El Sistema de Mapas de Riesgo del Cambio Climático permite consultar distintos escenarios futuros y localizar las poblaciones más vulnerables. Su objetivo no es anunciar destinos inevitables, sino orientar medidas de adaptación.