2 de julio de 2026 - 11:50

La psicología explica que las personas nacidas entre 1950 y 1960 no desarrollaron resiliencia por elección, sino por las dificultades de su infancia

No empezaron a trabajar por pasión, sino por urgencia familiar; hoy la psicología vincula esa falta de protección con una mayor capacidad de resiliencia.

Las personas nacidas en las décadas de 1950 y 1960 suelen ser descritas como más resistentes y abnegadas en el trabajo. Sin embargo, la psicología aclara que esta actitud no respondió a una vocación temprana, sino a una falta absoluta de alternativas económicas y sociales en un contexto donde la infancia se concebía de forma distinta.

Para estas generaciones, incorporarse al mercado laboral era una respuesta directa a las necesidades de la familia. En entornos rurales, los hijos ayudaban en el campo o negocios familiares desde niños, algo que hoy resultaría impensable. El acceso a la educación secundaria era un privilegio económico, y lo habitual era dejar los estudios al alcanzar la edad mínima legal para aportar ingresos.

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¿Por qué la falta de supervisión infantil forjó la resiliencia de esta generación?

Este fenómeno no estuvo únicamente ligado a la pobreza. La estructura cultural de mediados del siglo XX permitía a los niños pasar horas jugando en la calle o resolviendo conflictos sin mediación adulta. La psicología actual sugiere que parte de su fortaleza emocional no provino de una crianza superior, sino de una ausencia de sobreprotección que a veces rozaba el abandono. Esta exposición a la incertidumbre y al aburrimiento, sin pantallas ni agendas extraescolares, desarrolló en ellos una alta tolerancia a la frustración.

La "metáfora del junco y el roble" ilustra esta capacidad: la resiliencia se parece más a la flexibilidad del junco que a la rigidez del roble. Los nacidos en estos años aprendieron a ser flexibles y a confiar en sus propias capacidades para influir en lo que les sucedía. No se trata de una superioridad moral, sino de una "escuela de soledad" donde aprendieron a valerse por sus propios medios ante la adversidad.

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La desigualdad de género también marcó esta etapa. Muchas mujeres no pudieron elegir su profesión debido a normas sociales rígidas que limitaban su rol al cuidado del hogar o trabajos muy específicos. En este sentido, la idea de vocación es un concepto relativamente moderno que apenas existía para la mayoría de los jóvenes de entonces. Aquella generación no fue criada con más recursos, sino con menos, y esa misma escasez les otorgó la convicción de que podían salir adelante por sus propios medios.

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