15 de agosto de 2026 - 19:33

La psicología dice que poner algo en un lugar seguro y luego perderlo no es olvido: la memoria funciona de manera rutinaria

Dejar los auriculares en la cocina, las llaves en otro ambiente o el celular en un sitio inesperado puede hacer que después parezca que desaparecieron.

Dejaste los auriculares junto a la tostadora, al lado del frutero. Mientras lo hacías, pensaste: “Por supuesto que voy a acordarme”. El lugar era tan extraño para unos auriculares que parecía imposible olvidarlo. La psicología tiene una explicación para ello.

Esto no significa que estés perdiendo la memoria ni que te estés volviendo más olvidadizo. Se trata de una característica conocida de la manera en que funciona la memoria humana.

La explicación es sencilla: el cerebro aprende dónde suelen estar las cosas y utiliza esa información como un atajo. El problema aparece cuando un objeto termina en un lugar completamente diferente al habitual.

La memoria utiliza atajos para ahorrar esfuerzo

No necesitás recordar cada mañana dónde están las llaves. Simplemente vas al lugar en el que suelen estar: el cuenco junto a la puerta, el gancho de la pared o el bolsillo izquierdo de una campera.

Lo mismo sucede con el celular, la billetera, los anteojos o la taza de café. Cada objeto tiene un lugar habitual y el cerebro aprende esa distribución.

Los científicos cognitivos describen este mecanismo mediante el concepto de esquema: una especie de plantilla mental que permite anticipar cómo está organizado un entorno conocido.

Tu esquema de la cocina, por ejemplo, puede incluir que las tazas están en determinado gabinete, los cuchillos en un bloque y el detergente junto a la pileta.

Por eso no necesitás almacenar conscientemente cada movimiento. No hace falta registrar mentalmente: “Puse el detergente junto a la pileta a las 19:15”. El cerebro ya espera encontrarlo allí.

Este mecanismo es extremadamente eficiente. Permite evitar que la memoria tenga que registrar la ubicación exacta de todos los objetos que tocamos durante el día.

Lo extraño no siempre se recuerda mejor

A primera vista, parecería lógico pensar que un lugar inusual debería ser más fácil de recordar.

Si normalmente dejás los auriculares sobre el escritorio y un día los colocás junto a la tostadora, la rareza de la situación debería funcionar como una señal de alerta. Sin embargo, reconocer que algo es extraño no garantiza que la información quede almacenada de manera suficientemente precisa.

Qué ocurre cuando un objeto rompe la rutina

Adina Lew y Mark Howe analizaron cómo las personas recuerdan objetos ubicados en espacios familiares. En sus experimentos, los participantes observaban imágenes de habitaciones conocidas en las que algunos objetos aparecían en sus ubicaciones habituales y otros habían sido desplazados a lugares inesperados.

Ese sistema suele funcionar muy bien porque la mayoría de las veces los objetos efectivamente están donde esperamos encontrarlos.

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