14 de agosto de 2026 - 13:10

La psicología explica por qué una tarea parece mucho más difícil justo antes de empezar y más sencilla una vez que la hacemos

La psicología explica por qué la procrastinación puede hacer enorme una tarea antes de empezar y cómo dar el primer paso modifica nuestro comportamiento.

El fenómeno no significa simplemente que una persona sea “vaga” o tenga poca fuerza de voluntad. Antes de iniciar una actividad evaluamos mentalmente su dificultad, duración, recompensa y posibles sensaciones desagradables. Cuando ese costo anticipado parece demasiado elevado, postergar ofrece un alivio inmediato, aunque la tarea continúe pendiente y deba enfrentarse más adelante.

Por qué cuesta tanto dar el primer paso

Las investigaciones sobre procrastinación muestran que las emociones tienen un papel importante. Una revisión publicada en Nature Reviews Psychology explica que procrastinar puede funcionar como una estrategia de regulación emocional: evitamos temporalmente una actividad que genera aburrimiento, frustración, inseguridad o malestar y conseguimos sentirnos mejor en el presente, aun sabiendo que la decisión puede perjudicarnos después.

Ahí aparece una diferencia importante entre pensar una tarea y estar haciéndola. Antes de comenzar, nuestra atención puede concentrarse en todo lo que falta: terminar veinte páginas, limpiar una casa completa o estudiar cinco unidades. Una vez iniciada, en cambio, la atención puede desplazarse hacia una acción concreta y mucho más pequeña: escribir el primer párrafo, guardar la primera prenda o leer la primera página.

La percepción del esfuerzo también interviene en nuestras decisiones. Estudios sobre motivación muestran que las personas evalúan costos asociados al esfuerzo y las recompensas esperadas antes de decidir cuánto están dispuestas a invertir en una actividad. Por eso, una tarea que parece larga, aburrida o con un beneficio muy lejano puede resultar especialmente difícil de iniciar.

El método para hacer que una tarea parezca menos difícil

Una estrategia útil consiste en reducir deliberadamente el tamaño del primer objetivo. En lugar de proponerse “ordenar toda la casa”, puede ser más manejable empezar por un cajón. En vez de pensar “tengo que entrenar una hora”, el primer hábito puede ser ponerse la ropa deportiva y comenzar unos minutos. La tarea completa sigue existiendo, pero disminuye la barrera inmediata para entrar en acción.

También ayuda definir con precisión cuándo y dónde empezar. La investigación sobre las llamadas implementation intentions encontró que establecer planes concretos del tipo “cuando ocurra X, voy a hacer Y” puede ayudar a convertir una intención general en una conducta. Así, “mañana tengo que estudiar” se transforma en algo mucho más específico: “después de desayunar, voy a sentarme en el escritorio y estudiar el primer tema durante 20 minutos”.

Esto tampoco significa que cualquier tarea se vuelva agradable apenas comienza. Algunas continúan siendo difíciles, tediosas o demandantes. La diferencia es que el cerebro deja de enfrentarse únicamente a una representación anticipada del esfuerzo y empieza a trabajar con acciones concretas, avances visibles y nueva información sobre cuánto cuesta realmente continuar.

Por eso, cuando una obligación parece gigantesca justo antes de empezar, la psicología sugiere que el problema puede estar parcialmente en esa anticipación. Reducir el primer paso, establecer un momento concreto y comenzar antes de sentirse completamente motivado puede interrumpir la procrastinación. Muchas veces, el objetivo inicial no necesita ser terminar: alcanza con conseguir empezar.

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