Conocés a esa persona. Pasa frente al recinto de una mascota en una veterinaria y, si siente que la molestó, también se disculpa. Desde afuera puede parecer un poco excéntrico. La psicología menciona que estos comportamientos pueden estar relacionados con una manera particularmente sensible de percibir el entorno y vincularse con los demás.
Las personas que se disculpan con objetos, hablan con sus mascotas o sienten cierto apego por cosas que otros descartarían pueden compartir varios rasgos de personalidad.
1. Se dan cuenta de cosas que otros pasan por alto
La persona que registra que chocó contra una silla probablemente también sea capaz de detectar pequeños cambios en su entorno.
Puede notar que un amigo está más callado de lo habitual durante una cena, que un compañero de trabajo cambió ligeramente su manera de hablar o que alguien sonríe, pero parece estar preocupado.
No necesariamente lo hace de manera consciente. Su atención está especialmente orientada hacia las señales que aparecen alrededor suyo, incluso aquellas que otras personas podrían pasar por alto.
2. Su primer impulso suele ser la amabilidad
No existe ninguna razón lógica para pedirle disculpas a un sillón. La persona probablemente lo sabe perfectamente. Sin embargo, la frase sale automáticamente.
Esto puede relacionarse con un rasgo de personalidad conocido como amabilidad, asociado con comportamientos cooperativos, considerados y cálidos durante las interacciones sociales. Las personas con niveles elevados de este rasgo suelen mostrar una mayor disposición a tener en cuenta las necesidades y el bienestar de los demás.
3. Pueden atribuir sentimientos a objetos
La taza que se cayó parece triste. El viejo abrigo que ya no usan merece una despedida. Hasta la aspiradora robot puede parecer agotada después de recorrer toda la casa.
Este fenómeno se conoce como antropomorfismo, es decir, la tendencia a atribuir características, emociones o intenciones humanas a animales, objetos o fenómenos que no las poseen necesariamente.
El psicólogo Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, ha estudiado este comportamiento y lo ha relacionado con los mecanismos cognitivos que utilizamos para comprender a otras personas. Nuestro cerebro interpreta constantemente expresiones, tonos de voz, gestos y comportamientos para intentar descubrir qué sienten los demás.
4. Se apegan a objetos que otros tirarían
Una taza rota que compraron durante un viaje hace años. Una campera vieja que ya casi no usan. Ese auto con una abolladura en la puerta que todos les dicen que deberían cambiar. Para otras personas son objetos viejos.
Para ellos, pueden ser fragmentos de una historia personal.
Deshacerse de algo que estuvo presente durante una etapa importante de su vida puede resultar mucho más difícil cuando ese objeto adquirió un significado emocional. La taza no vale por lo que cuesta. Vale porque estuvo en aquel viaje.